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Pemex, ¿el renacido?

Por: Miriam Grunstein

 
08 de Marzo del 2016

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Pemex, ¿el renacido?

Por: Miriam Grunstein

Todos hablaban del éxito de “El renacido” mientras otros veíamos a PEMEX ser devorado por animales políticos. Lo que le ha sucedido a PEMEX es tan singular que es incluso ininteligible. Las tesis conspiratorias abundan pero no hacen sentido. El desmantelamiento del activo público más importante del país, para ser privatizado y repartido entre los miembros de un cártel de oligarcas, harían poco para mantener el PRI en el poder. Es en el mejor interés del partido, ya no se diga del gobierno de Enrique Peña Nieto, mantener a PEMEX lejos de las fauces de los osos.

Sin embargo, PEMEX transitó con la reforma energética y luego se descarriló de ella. Primero lo convirtieron en una Empresa Productiva del Estado, lo que deja dudas de si la nueva denominación es una tautología o una paradoja. Podría ser una tautología porque toda empresa que no es productiva fenecerá. O bien podría ser una paradoja porque no hay empresa (al menos de total propiedad estatal) que pueda ser productiva. La trayectoria de PEMEX nos muestra que su nueva denominación es una contradicción en sus términos. No hay empresa estatal que pueda ser productiva si su administración la encabezan animales políticos. PEMEX ha vivido al acecho de los osos rentistas.

Recién electo Peña Nieto, el nombramiento de Emilio Lozoya era un movimiento incluso políticamente inescrutable. Ahora que PEMEX iría a mar abierto, la elección del capitán de la nave parecía idónea para que a PEMEX se lo devoraran los tiburones. La experiencia de Lozoya parecía (y se comprobó) apta para capitanear algo menos que una trajinera en Xochimilco, mucho menos para zarpar a aguas profundas.

Luego cayó la tormenta y el mundo se inundó de petróleo, lo que causó que nuestro barril de valer alrededor de los 100 dólares en mayo de 2013 tuviera un mínimo histórico de alrededor de 19 dólares el 20 de enero de este año. Ya a finales de 2015 PEMEX reportaba una pérdida de 521 mil millones de pesos. No solo había caído el precio del barril sino también la producción y por lo tanto las exportaciones. Y si la exploración y la producción perdían el pulso, la refinación y el resto de la cadena de valor ya manifestaban franca necrosis.

En el ocaso de 2015 las fieras ya lo habían mordido casi fatalmente. Desangrado, PEMEX comenzó a tener una cadena de siniestros, desde plataformas, ductos y otras instalaciones industriales, que eran síntomas de un manejo muy deficiente en las políticas de mantenimiento. Por otra parte, se sabía que PEMEX, en franco sacrilegio a la santidad contractual, ha pretendido renegociar sus contratos en un 30% a la baja, ante la crispación de sus proveedores y contratistas más añejos y leales.

Tan alicaído ha estado PEMEX que en julio de 2015 anunció que no concursaría al menos en las tres primeras licitaciones de la Ronda 1, dos en aguas someras y una en campos terrestres. “No hay dinero,” explicó, sin más, el Secretario de Energía. Con todo ello, nadie parecía querer tocar a Lozoya ni con el pétalo de una flor. ¿Las razones? Más inescrutables que los misterios de la Kábala.

Pero en los pasillos subterráneos del sector ya se rumoraba que las relaciones entre Lozoya y Videgaray no andaban bien. Y que este último le apretaría el cinturón al primero mediante un fuerte ajuste en su presupuesto. Sin embargo, pocas semanas después, el que profería las amenazas el 28 de enero de este año anunció un operativo de rescate financiero a PEMEX, cuyo fondo nunca tuvo claridad: parecía una colocación de deuda en la inteligencia de que PEMEX fuera más eficiente. Mientras tanto, PEMEX no pagaba a sus proveedores cuya deuda ascendido a más de 7 mil millones de pesos.

Y cuando todo parecía desplomarse, salvo Lozoya, éste fue destronado por José Antonio González Anaya quien 3 semanas después de haber tomado el cargo anunció un recorte en el presupuesto de PEMEX por 100 mil millones de pesos, de los cuales 46 mil millones se aplicarían a exploración y a producción. Este recorte, en suma, bajaría la producción de PEMEX en 100 mil barriles diarios. Semanas antes habían anunciado un rescate, luego un ajuste para volverlo más eficiente en costos. ¿Cómo podría salvarse PEMEX de los animales políticos? Pues, en suma, aprovechando los “instrumentos que ya permite la reforma energética”, sea cual fuere lo que esto quiera decir.

Sin saberlo con certeza, creo que González Anaya se refiere a que PEMEX tendrá que asociarse con otras empresas para participar en lo que sea de la cadena de valor, a través de coinversiones, empresas mixtas, joint venturesfarm outs, instrumentos de inversión (como la fibra E) y todo lo demás que fuere lícito –lo que excluye la posibilidad que a PEMEX lo salve de los osos el mismo Chapo Guzmán. El problema previsible, y que puede ser ininteligible para los animales políticos, es que es dudosa la facilidad con la que PEMEX podrá conseguir socios para sus emprendimientos cuando, a pesar de ser “solvente” (como dijo González Anaya) no tiene “liquidez” (como también afirmó el mismo). En esta tormenta a buen árbol se arrimarían las empresas petroleras al asociarse con PEMEX.

A estas alturas, no es claro el fin de esta película. El sentido común dicta que no es bueno asociarse en condiciones muy desfavorables si vas a perder control de todas tus decisiones corporativas. Si PEMEX se asocia moribundo, tal vez ya no se lo coman los animales políticos sino las fieras empresariales. ¿Y a los mexicanos futuros qué nos quedará de PEMEX? ¿Los huesitos?

 

* Miriam Grunstein es experta en energía de México, ¿Cómo Vamos? Es Licenciada en Derecho en el ITAM y en Estudios Latinoamericanos por la Universidad de Nuevo México, y Maestra y Doctora por la Escuela de Ciencias y Artes de la Universidad de Nueva York. Profesora investigadora titular del CIDE. Ha sido galardonada con el Premio Robert Cooter por la Academia Mexicana de Derecho y Economía, y el Premio Fernando Cuevas por CEPAL.

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