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Salarios y productividad: la (no tan) extraña danza

Por: Jorge Alonso (@economicliberal)

 
08 de Noviembre del 2016

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Salarios y productividad: la (no tan) extraña danza

Por: Jorge Alonso (@economicliberal)

Desde hace un tiempo he notado que en diferentes medios de comunicación y en diversos foros se discute el comportamiento de los salarios reales con respecto del de la productividad. Se argumenta que mientras que la productividad de la economía subió, los salarios reales bajaron. Esto es muy extraño ya que indica que los trabajadores no están recibiendo lo que aportan al margen de beneficios de la empresa para la que trabajan, evidenciando un fallo catastrófico de los mercados para asignar recursos y remuneraciones de forma adecuada y desencadenando una búsqueda de culpables.

De tal suerte, para estudiar si efectivamente los salarios reales bajaron mientras que la productividad subió usaré datos de contabilidad nacional trimestral, de la Encuesta Nacional de Empleo (ENE) y de la Encuesta Nacional de Ocupación y empleo (ENOE), cubriendo los 14 años comprendidos entre el segundo trimestre (Q2) de 2002 y el segundo trimestre de 2016. Para analizar estos datos me basaré en dos premisas: la primera es que la medida adecuada de productividad de una economía es la “productividad total de los factores” (PTF) y no la productividad laboral que comúnmente se emplea; comparado con la productividad laboral, la PTF indica el nivel de eficiencia con el que la economía combina todos sus recursos y no solo el trabajo. La segunda es que la forma adecuada de medir salarios por hora es teniendo en cuenta que los trabajadores no son iguales entre sí. Es decir, las empresas nos pagan por los servicios que les ofrecemos y no por las horas que pasamos con nuestros patrones o en nuestros negocios.

En ese sentido el “salario real por hora” que reciben los trabajadores se convierte en “salario real por servicio”. Éste último debe teóricamente ser igual al valor que aportan los servicios de los trabajadores al margen de beneficios de sus empresas. Este salario depende, también teóricamente, de la PTF y de la cantidad y calidad de los equipos que los trabajadores emplean en sus tareas, lo que denominamos “acervo de capital”. Por lo tanto, para entender lo que está pasando con el salario real por servicio debemos examinar los componentes que lo determinan.

El gráfico 1 nos muestra los dos elementos necesarios para el análisis. El primero es la intensidad con la que se usa el capital. El segundo es la eficiencia con la que se combinan capital y trabajo. Para el cálculo de ambos eliminé al sector público de la contabilidad nacional, ya que nada me indica que las decisiones de inversión o el pago a sus empleados se rija por criterios de mercado.

Podemos distinguir dos periodos de duración similar en el gráfico 1: antes y después del cuarto trimestre de 2007. El primer periodo se caracteriza por un crecimiento del 2.5 % anual de los salarios por servicio. Este crecimiento no puede atribuirse al componente de productividad de los salarios, sino al 5 % de crecimiento anual en la intensidad del uso del capital, ya que la productividad se contrajo fuertemente en 2002. En el segundo periodo, la intensidad con la que se emplea el capital se estabilizó y la PTF continuó creciendo hasta recuperar su nivel en 2002; más de una década “perdida”.

El gráfico 2 ilustra el comportamiento de los salarios por servicios relativos a la PTF, empleando también el segundo trimestre de 2002 como referencia. En el primer periodo de nuestro análisis los salarios por servicio suben. Además, salvo por los dos primeros años de la muestra, los salarios crecen a la misma tasa que la productividad. En el segundo periodo los salarios y la productividad crecen a la misma tasa y, desde 2012, danzan el uno entorno del otro. Exactamente lo que predice la teoría económica.

Para concluir, los resultados de este análisis indican que salarios y productividad crecen a tasas similares cuando interpretamos de forma correcta los datos. Dado que la raíz de la evolución de los salarios es la productividad, resulta muy poco convincente buscar culpables en las diversas entidades del gobierno que intentan gestionar los ciclos económicos; por ejemplo: BANXICO. Tampoco resulta creíble que una “élite en el poder” conspire para mantener los salarios bajos. Lo que está pasando es más de lo mismo: un sistema clientelar que se aferra a reglas de reparto de la producción que deprime el uso eficiente de los recursos. Este vicio del sistema permea a todos los sectores productivos, desde la producción de capital humano que es la educación, hasta los servicios y el comercio. Levantemos las barreras que impiden a los mexicanos desarrollar su potencial y que salarios y productividad sigan bailando… hacia arriba.

 

* Jorge Alonso cursó la Licenciatura en Economía por la Universidad Autónoma de Madrid, la Maestría en Economía y finanzas en el Centro de Estudios Monetarios y Financieros, la Maestría y el Doctorado en Economía en la Universidad del Estado de Arizona. Desde 2010 a la fecha, es profesor de tiempo completo e investigador en el ITAM. Además, es candidato del Sistema Nacional de Investigadores. Forma parte del grupo de expertos de @MexicoComoVamos.

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