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Las posibilidades del TLC

Por: Arturo Damm Arnal (@ArturoDammArnal

 
06 de Diciembre del 2016

En el blog de México, ¿Cómo Vamos? en Animal Político. 

Las posibilidades del TLC

Por: Arturo Damm Arnal (@ArturoDammArnal

Teóricamente cuatro son las posibilidades con relación al TLC: 1) que se quede tal y como está; 2) que se renegocie lo que se negoció originalmente (lo cual, muy probablemente, se haría a favor de alguna de las partes y en contra de las restantes); 3) que partiendo de lo que se negoció originalmente, se amplíe y profundice para avanzar en el proceso de integración económica entre México, Estados Unidos Y Canadá (integración que abarca mucho más que la parte comercial, ampliación y profundización que podría beneficiar a los tres países involucrados), y 4) que alguno de los gobiernos de alguno de los tres países, decida sacar a “su” país del TLC (que quedaría vigente para los dos países restantes). De estas cuatro posibilidades teóricas, ¿cuántas son realmente posibles? Las cuatro, lo cual no quiere decir que las cuatro sean igualmente probables.

En el artículo 2202 del TLC leemos lo siguiente:

“1.- Las Partes podrán convenir cualquier modificación o adición a este Tratado. 2.- Las modificaciones y adiciones acordadas y que se aprueben según los procedimientos correspondientes de cada Parte, constituirán parte integral de este Tratado”.

Las modificaciones suponen la renegociación de lo ya negociado (lo cual puede hacerse a favor de los intereses de una de las partes, en contra de los intereses del resto, y resultar en un retroceso en el proceso de integración, comenzando por el comercial: más en vez de menos proteccionismo). Las adiciones suponen, partiendo de lo ya negociado, y respetando lo ya negociado, avanzar en el proceso de integración, lo cual implica reconocerles y garantizarles a mexicanos, estadounidenses y canadienses el derecho a relacionarse como crean más conveniente, sin que los respectivos gobiernos limiten o prohíban esas relaciones, comenzando por las comerciales, que con el TLC han resultado más libres, pero no totalmente (ni mucho menos definitivamente) libres: mientras subsista un arancel, un permiso previo para importar, una cuota de importación, o cualquier otra medida proteccionista, el verdadero libre comercio (la libertad del ciudadano para comprar lo que le dé la gana, a quien le dé la gana, nacional o extranjero, en donde le dé la gana, en su país o en el extranjero) seguirá pendiente.

Por su parte en el artículo 2205 del TLC leemos que:

“Una Parte podrá denunciar este Tratado seis meses después de notificar por escrito a las otras Partes su intención de hacerlo. Cuando una Parte lo haya denunciado, el Tratado permanecerá en vigor para las otras Partes”.

En una de sus acepciones jurídicas la denuncia es el acto mediante el cual un Estado integrante de un tratado internacional le pone fin (si se trata de un tratado bilateral) o se separa de él (tratándose de uno multilateral), posibilidad que tienen los gobiernos de los países integrantes del TLC, siempre y cuando se cumplan las reglas del juego de cada uno de ellos para denunciar al TLC (por ejemplo: que se cuente con el visto bueno del respectivo Poder Legislativo).

Por último, obviamente queda como posibilidad, tanto teórica como práctica, la de dejar al TLC tal y como está.

Con Trump a unas semanas de asumir la presidencia de los Estados Unidos, ¿cuál de estas cuatro posibilidades es la más probable? La respuesta se encuentra entre la dos (la renegociación de lo ya negociado, a favor de los intereses de algunos productores estadounidenses, los que no pudieron con la competencia de las importaciones mexicanas) y la cuatro (la denuncia del TLC por parte del gobierno de Trump, nuevamente a favor de los productores estadounidenses que no pudieron competir, en sus mercados, con los productos hechos en México).

A México, ¿cuál de las cuatro posibilidades es la que más le conviene? La tres: ampliar y profundizar el TLC para ampliar y profundizar el proceso de integración en Norteamérica, por ejemplo, avanzando en la eliminación de lastres y obstáculos (desde visas hasta pasaportes) que limitan el libre tránsito de mexicanos, estadounidenses y canadienses entre los tres países.

La vista puesta en el largo plazo y en los efectos que sobre el bienestar de los consumidores tiene el libre comercio en particular, y la libertad en general, el TLC debe ampliarse y profundizarse, recordando que las políticas económicas (y los tratados de libre comercio son eso: políticas económicas), deben calificarse en función del impacto que tienen sobre el bienestar de los consumidores (libre comercio) y no sobre las ganancias de las empresas (proteccionismo), algo que Trump, y muchos más, no reconocen.

Independientemente de lo que haga el gobierno de Trump, el gobierno mexicano no debe dar un solo paso por el camino del proteccionismo. Nuestros gobernantes, ¿lo tendrán claro?

* Arturo Damm Arnal es economista por la Universidad Autónoma Metropolitana. Estudió también la Licenciatura y la Maestría en Filosofía en la Universidad. Realizó estudios doctorales en filosofía en la Universidad de Navarra. Es profesor de Teoría Económica y de Análisis Económico y de Historia del Pensamiento Económico en la UP. Forma parte del grupo de expertos de México, ¿Cómo Vamos? E-mail: arturodamm@prodigy.net.mx

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