México ante las crisis 2020

¿De qué se trata?

México frente a las crisis de 2020 presenta cómo se ha deteriorado el panorama nacional con la pandemia del COVID – 19 a través de cuatro crisis – la crisis de salud, la crisis económica, la crisis social y la crisis de cuidados – estas interactúan entre sí y dificultan el éxito de las medidas implementadas para mitigar las crisis. Ante esto, estudiamos qué herramientas tiene el gobierno federal para responder a la crisis sanitaria y reactivar la economía.

Hallazgos

México en el contexto internacional

 

  • El paquete de medidas fiscales totales (gasto adicional y garantías de liquidez) de México ocupa el lugar 150 de 181 economías nacionales de acuerdo con el FMI.

El gasto adicional de México como respuesta a la pandemia como porcentaje del PIB se ubica en lugar 170 del mismo comparativo.

  • La respuesta del gobierno federal mexicano se asemeja a la de Gambia o la de Belice, países con economías mucho menos complejas y con una menor capacidad estatal.
  • Al considerar economías emergentes con poblaciones superiores a 1.5 millones de habitantes, el paquete fiscal total de México se encuentra en el lugar 47 de 59.

 

¿Cómo estaba México cuando llegó la pandemia?

 

  • A pesar de que, México cuenta con padrones de programas sociales previo a la pandemia no implementó nuevos programas de transferencia sociales, únicamente adelantó la asignación de recursos por beneficiaria o beneficiario, pero sin modificar el monto o cobertura del programa.
  • Las finanzas públicas mexicanas están caracterizadas por los bajos ingresos públicos. 
  • La composición de los ingresos es 63% tributarios y el resto no tributarios. Los petroleros representaron únicamente el 11% del total de ingresos en 2020.
  • La estimación de la Ley de Ingresos 2021 es optimista cuando se compara con referentes del mercado al momento de su discusión en el Congreso.
  • La sobreestimación de los ingresos implica el posible sacrificio de programas de protección social y proyectos de infraestructura social a fin de cumplir con la meta del déficit público de 2.9%, –situación no deseada ni recomendada en medio de la pandemia– u otro tipo de infraestructura física, o la necesidad de recurrir a mayor endeudamiento.
  • El no implementar medidas suficientes para proteger al sector privado se crea un círculo vicioso, de baja actividad económica, bajo consumo, bajo empleo y por lo tanto menores ingresos del sector público.
  • El Congreso de la Unión no es un contrapeso a las estimaciones del Ejecutivo, ni la Cámara de Diputados ni de Senadores modificó algún supuesto de la iniciativa de la Ley de Ingresos 2021.

El resultado de sostener una política fiscal prudente -con un déficit fiscal primario bajo, sin modificaciones en el sistema tributario y sin la contratación adicional de deuda pública- es que las familias y las empresas son quienes terminan asumiendo el costo de la deuda de manera privada para amortiguar la crisis de liquidez que atraviesa nuestra economía.

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Las 4 crisis mexicanas

La pandemia global provocada por la COVID-19 ha traído un complejo entramado de crisis estructurales que interactúan entre ellas y agravan los impactos de las acciones tomadas frente a la pandemia. Estas crisis son, en realidad, al menos cuatro: sanitaria, económica, social, y de cuidados; y han tenido efectos severos y desiguales entre familias y empresas, que dependían en buena medida de las condiciones económicas, laborales y sociales del país previas a las crisis. En esta sección se hará un breve repaso de estas crisis y cómo interactúan entre ellas.

La crisis de salud

En México, esta crisis sanitaria suma –al 31 de diciembre de 2020– 1.4 millones de personas contagiadas y más de 123 mil personas fallecidas a causa de este virus. De acuerdo con el INEGI, en México se registraron más de 108 mil defunciones por COVID-19 entre enero y agosto de 2020, cifra superior en 68.7% a la reportada por la Secretaría de Salud en el mismo periodo.

La estrategia para controlar la pandemia ha sido sumamente deficiente, si analizamos dos indicadores a nivel internacional, el desempeño de las autoridades mexicanas es alarmante. Por una parte, la tasa de letalidad observada de acuerdo con el Observatorio de COVID-19 de la Universidad Johns Hopkins, México es el país con la mayor tasa de letalidad que se calcula a partir del número de muertos por cada 100 casos confirmados y, por otra parte, no contamos con una estrategia para detectar contagios y rastrearlos la tasa de positividad de México al 31 de diciembre era de 41.2% de acuerdo con el Observatorio Our World in Data, la Organización Mundial de la Salud (OMS) recomienda una tasa de positividad de entre 3% y 12%.

La crisis económica

La crisis sanitaria provocada por la COVID-19 ha tenido profundos impactos económicos, políticos y sociales, detonando así al menos la crisis económica y social. En 2020 la economía mexicana se contrajo en -8.5% anual, la peor caída en la historia de esta serie en 1980.

Las primeras medidas para contener la pandemia que consistieron en la implementación de medidas de distanciamiento social y confinamiento parcial o total provocaron tanto choques de oferta como de demanda.

Choque de oferta – disrupción en las cadenas globales de valor al parar la producción de las fábricas en especial en China, como medida de contención de la pandemia.

Choque de demanda – Derivado del confinamiento, la gente dejó de consumir productos no esenciales y de adquirir servicios de esparcimiento y culturales. La pérdida de empleos disminuyó el ingreso disponible, por lo que los consumidores redujeron aún más su consumo de bienes y servicios.

De acuerdo con el Estudio sobre la Demografía de los Negocios 2020 de INEGI, una de cada cinco empresas registradas en el Censo Económico de mayo de 2019 ha cerrado permanentemente para septiembre de 2020.

A diferencia de la crisis financiera de 2008, la crisis del COVID-19 ha tenido un impacto más profundo en las personas de menores ingresos.

De acuerdo con la OIT, el 44% del empleo total en el país tiene un alto riesgo de verse afectado por la pandemia. Esto implica que cerca de 24 millones de trabajadores podrían experimentar una disminución ya sea en las horas totales trabajadas o en el salario.

La crisis social

¿A qué se debe la diferencia tan grande en el impacto en los ingresos laborales entre los hogares ricos y pobres en un período tan breve?

 

La brecha digital

  • Posiblemente la población de mayores ingresos tienen mayor probabilidad de realizar teletrabajo, lo que les permite preservar su empleo y sus ingresos a pesar de la pandemia.
  • El efecto desigualador de esta pandemia puede tener impactos de largo plazo en una generación completa, a través de sus consecuencias en la educación formal. 

La Pobreza laboral aumentó de 35.7% a 40.7% entre el cuarto trimestre de 2019 y 2020.

  • De acuerdo con el CONEVAL, la crisis económica del COVID-19 podría generar un aumento de entre 8.9 y 9.8 millones de personas en pobreza por ingresos. Asimismo, el número total de personas en situación de pobreza extrema por ingresos se incrementaría entre 4.9 y 8.5 puntos porcentuales, es decir, entre 6.1 y 10.7 millones de personas.

Al 4T2020 52 millones de mexicanos (40.7%) viven en pobreza laboral, lo que representó un incremento de 4.7 millones más que en 2019, en total 51.9 millones de personas se encuentran en esta situación.

La crisis de cuidados

Una cuarta crisis en la economía y la sociedad mexicana es la crisis de cuidados, a menudo invisibilizada por la falta de reconocimiento de las labores domésticas y de cuidados como un trabajo por su falta de remuneración.

Ante el cierre de escuelas, estancias, guarderías, asilos y casas de adultos mayores, la carga del trabajo de cuidados ha recaído en las familias; sumada al confinamiento que trasladó una parte importante de las actividades laborales y productivas a los hogares, lo que agudizó la carga de trabajo doméstico. 

De por sí antes de la pandemia el panorama de trabajos de mercado era desalentador para las mujeres mexicanas: su tasa de participación laboral –es decir, el porcentaje de mujeres que trabajan en empleos entendidos como productivos respecto al total en edad de trabajar– ya era una de las más bajas de Latinoamérica, con apenas 42.4% al cuarto trimestre de 2020; por debajo del promedio regional de 52% y muy por debajo de la tasa de 74.2% para el caso de los hombres mexicanos.

El valor económico de las actividades domésticas y de cuidados no remuneradas en México equivale a un 22.8% del PIB en 2019. Es decir, por cada peso de producción registrado, se realizan casi 23 centavos de trabajo no remunerado que no se contabiliza en las cuentas nacionales. Esto equivale a la producción de toda la industria manufacturera (17.5%) y de toda la minería (4.0%) que se realizan en México juntas, de acuerdo con la estructura porcentual del PIB al cuarto trimestre de 2020.

Los gobiernos frente a las crisis:
¿cómo va México?

La respuesta de los gobiernos es tanto una decisión política como una de políticas. Es una decisión política pues, ante las crisis, se decide si reaccionar o no con políticas económicas y sociales, y a quiénes beneficiarán –o perjudicarán– dichas acciones. Es una decisión de políticas, ya que tanto la magnitud como el alcance de las acciones y programas deberán diseñarse e implementarse de manera oportuna, eficaz y efectiva para que consigan aminorar el impacto que las crisis tendrán en la economía y la sociedad mexicana.

Utilizando los últimos datos disponibles –a diciembre de 2020– del Monitor Fiscal del Fondo Monetario Internacional, podemos comparar la dimensión de las respuestas entre los distintos gobiernos nacionales a las crisis provocadas por la pandemia de COVID-19.

Hasta diciembre de 2020, el gobierno mexicano había implementado políticas fiscales por un monto equivalente a 1.96% del PIB, de las cuales aquellas medidas con impacto presupuestario inmediato representan 0.68 puntos porcentuales del PIB –donde 0.22 puntos se destinaron al sector salud y 0.46 puntos al resto de programas sociales–, mientras que las medidas de apoyo a la liquidez y de operaciones cuasi-fiscales, como préstamos de la banca de desarrollo, representaron 1.28 puntos porcentuales del PIB.

  • Al comparar México con otras economías nacionales ocupa el lugar 150 de 181 economías.
  • Considerando medidas de impacto presupuestario inmediato. México desciende al lugar 170 de 181. – Paquete fiscal total

  • Al comparar México con economías de tamaño y desarrollo similar ocupa el lugar 47 de 59 economía

  • Considerando medidas de impacto presupuestario inmediato. México desciende al lugar 53 de 59. – Paquete fiscal total

 

La respuesta de México se asemeja a la de Gambia o la de Belice, países con economías mucho menos complejas y con una menor capacidad estatal.

El gobierno mexicano tiene una oportunidad poco frecuente en la región al contar con un registro social y un padrón único de beneficiarios de programas sociales le permite tener una mejor posición para poder implementar o escalar paquetes de ayuda a la población más vulnerable y desprotegida.

De acuerdo con la CEPAL, México es el país que ha implementado menos medidas en educación, empleo, salud, género, economía y protección social por la pandemia en la región. 

México únicamente adaptó 5 de los programas de protección social previamente existentes – adelantando las transferencias de estos programas, pero sin modificar la cobertura ni el monto del apoyo; una respuesta que dista mucho de ser consistente con la segunda economía más grande de la región, después de Brasil.

Los ingresos públicos federales
de cara a la recuperación

Históricamente, México ha mantenido niveles bajos de ingresos públicos, comparado con las economías de la OCDE y con el resto de América Latina y el Caribe. México tiene ingresos públicos comparables con los de El Salvador.

México es  una anomalía del desarrollo: una gran economía, con ingresos medios, pero con una recaudación pobre.

Los y las expertas de México ¿Cómo Vamos? opinaron en octubre 2020 que su mayor preocupación respecto al Paquete Económico 2021 son las “estimaciones económicas optimistas que podrían llevar a menores ingresos”.

Las columnas B y C son idénticas porque ni la Cámara de Diputados ni la Cámara de Senadores hicieron modificaciones a los supuestos macroeconómicos presentados por el Ejecutivo a través de la SHCP. La sobreestimación de los ingresos implica el posible sacrificio de programas de protección social, proyectos de infraestructura –situación no deseada ni recomendada en medio de la pandemia– o la necesidad de recurrir a mayor endeudamiento.

La Ley de Ingresos 2021 estima que más de la mitad (56%) de los ingresos de la Federación provendrán de impuestos.

El sector privado es el motor de los ingresos del gobierno federal, lo que hace indispensable contar con políticas públicas que protejan y favorezcan su desarrollo. En caso contrario tenemos el riesgo:

  • El cierre de empresas formales reduce la base del ISR y se pierden empleos, por lo que las cuotas y aportaciones de seguridad social disminuyen. La pérdida de empleos disminuye el consumo interno y con ello disminuye la base del IVA y el IEPS. 

 

La deuda pública
de cara a la recuperación

Frente a los bajos ingresos públicos, los gobiernos tienen la opción de emitir deuda pública o de solicitar préstamos a organismos internacionales y otras instituciones para  hacer frente a las crisis.

 

¿Cómo se mide la deuda en México?

En México, la medición más amplia de la deuda federal son los requerimientos financieros del sector público (RFSP), cuyo saldo histórico (SHRFSP) miden el nivel total de la deuda del gobierno federal, así como la de las empresas productivas del estado (CFE y Pemex), de la banca de desarrollo, del Instituto de Protección al Ahorro Bancario, del Proyecto de Inversión de Infraestructura Productiva con Registro Diferido en el Gasto Público (Pidiregas), y de los fondos de fomento y carreteros, acumulada hasta el año correspondiente.

 

¿Qué factores afectan al indicador de deuda SHRFSP como porcentaje del PIB?

Los saldos históricos de los requerimientos del sector público pueden aumentar por dos motivos. 

El primero es por un aumento del saldo de la deuda, que puede a su vez deberse tanto a nuevas contrataciones de deuda y el aumento de los intereses y recargos, como a una variación negativa en el tipo de cambio –usualmente del peso frente al dólar estadounidense, con 67% del valor de la deuda contratada hasta 2020 en dólares–, lo que incrementa el valor nominal de la deuda. 

El segundo es por una caída en el producto interno bruto, como ocurre durante una recesión o crisis.

México tuvo un crecimiento moderado de sus saldos históricos de deuda neta. El crecimiento de la deuda mexicana es incluso menor al promedio de América Latina