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Detrás del homenaje: el magisterio mexicano en el mercado laboral

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FOTO: CAROLINA JIMÉNEZ/CUARTOSCURO.COM

El pasado 15 de mayo, México celebró el Día del Maestro. La fecha se instauró por decreto presidencial en 1917, a iniciativa de los diputados Benito Ramírez y Enrique Viesca Lobatón, quienes argumentaron ante el Congreso Constituyente que el país, recién salido de la Revolución, necesitaba un día específico para reconocer a quienes formaban a sus ciudadanos. El presidente Venustiano Carranza firmó el decreto el 23 de noviembre de ese año y la primera celebración se realizó el 15 de mayo de 1918, hace ya 108 años. 

Hoy, quienes están en las aulas frente a grupo son mayoritariamente mujeres profesionistas con jornadas más cortas que el promedio nacional, y una brecha de género interna que se agranda conforme sube el nivel educativo que imparten. 

Este es el retrato del magisterio mexicano según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) más reciente del INEGI.

De acuerdo a los datos del INEGI, en México, para el ciclo escolar 2024-2025 había alrededor de 2,062,615 maestros de todos los niveles educativos, representando cerca del 3% de toda la población ocupada total del país. 

Es un universo grande, pero también muy específico: la edad promedio del magisterio ronda los 42 años, por encima de la mediana nacional de personas ocupadas, y un 90.6% de quienes dan clases tiene al menos una licenciatura terminada.

La distribución por nivel educativo dice algo más: la mayor parte del magisterio se concentra en educación básica —preescolar, primaria y secundaria—, mientras que la docencia en media superior y superior representa una fracción menor. No es un detalle estadístico: cada nivel tiene una composición de género distinta y, sobre todo, condiciones salariales muy diferentes.

El rostro femenino del salón de clase

La docencia es, en términos estadísticos, una de las profesiones más feminizadas del país. Es un patrón con raíces históricas: se remonta al siglo XIX, cuando los gobiernos liberales abrieron la docencia a mujeres, en parte porque se les podía pagar menos que a los hombres. Historiadoras de la educación han documentado que, ya a finales del siglo XIX, más del 60% del personal docente en las escuelas municipales de la Ciudad de México eran mujeres, muchas sin título profesional, contratadas precisamente porque “salían más baratas que sus colegas titulados” (La Centena: una radiografía a la feminización del magisterio desde la historia).

Más de un siglo después, el patrón persiste. La feminización, además, no es homogénea: crece hasta volverse casi total en preescolar y disminuye conforme sube el nivel: cuanto más cercano está el nivel al cuidado infantil (y, no por casualidad, más asociado socialmente a “lo femenino”) mayor es la proporción de mujeres frente al grupo, pasando del 92.1% de mujeres en preescolar al 46.6% de maestras en niveles universitarios y de enseñanza superior. 

Salarios docentes

Aquí aparece la primera paradoja: de acuerdo a los datos de la ENOE al cuarto trimestre del 2025, el sueldo promedio de los profesionales de la educación ascendió a $13,124 pesos, uno de los más bajos de las diez áreas de conocimiento medidas, por debajo de Ingeniería, Tecnologías de la Información o Administración. 

Pero el ingreso mensual no es toda la historia. Las y los docentes en México trabajan, en promedio, alrededor de 30 horas a la semana, una jornada más corta que las 40 a 48 horas típicas del resto del mercado laboral. Cuando el ingreso se ajusta por horas trabajadas, el panorama cambia: 104.7 pesos por hora, en comparación con 72.2 pesos de otros profesionistas. La docencia paga relativamente bien por hora, pero ofrece pocas horas. Esa distinción, que casi nunca aparece en el debate público sobre los salarios magisteriales, es la clave para entender qué tipo de empleo es realmente dar clases en México.

Mayoría no significa avances en paridad

Que la docencia sea una profesión mayoritariamente femenina no significa que sea una profesión donde las mujeres ganen lo mismo que los hombres. Las mujeres ganan, en promedio, $13,457 pesos al mes, frente a los $16,449 pesos que reciben sus colegas masculinos. 

El patrón es consistente con un fenómeno bien conocido en estudios de mercado laboral: en profesiones feminizadas, los puestos jerárquicamente más altos (y mejor pagados) suelen estar ocupados por hombres. En el magisterio mexicano, eso se traduce en que los hombres son mayoría en educación media superior y superior, donde los salarios son mejores, y minoría en preescolar y primaria, donde son menores. La feminización del aula convive con una segregación vertical que reproduce, dentro del gremio, el mismo patrón del mercado laboral general.

Dar clases no paga lo mismo en todo el país

La geografía también importa. Datos de la ENOE al cuarto trimestre de 2025 muestran que los mejores salarios promedio para profesionales de la docencia se concentran en CDMX, Nuevo León o Baja California. Los más bajos, por el contrario, aparecen en entidades con alta presencia de docencia rural y plazas estatales precarias, como Veracruz, Guerrero y Puebla.

El contraste no es solo una cuestión de costo de vida. Refleja la heterogeneidad institucional del sistema educativo mexicano, donde conviven plazas federales bien escalonadas, plazas estatales mal pagadas, contratos por honorarios y docencia comunitaria. Las brechas estatales en el ingreso docente reproducen, en buena medida, las brechas del mercado laboral mexicano en general.

En conclusión, las cifras dibujan un magisterio mexicano mayoritariamente femenino que, sin embargo, no ha alcanzado la paridad salarial dentro de sus propias filas. Un trabajo formal y relativamente bien pagado por hora, pero que acumula pocas horas. Un oficio con niveles educativos altos y condiciones laborales que varían enormemente según el estado, el nivel que se imparte y el tipo de plaza que se ocupa. 

Las cifras muestran que el magisterio mexicano no puede entenderse como un grupo homogéneo. Conviven maestras de preescolar con salarios bajos y alta carga de cuidados, docentes universitarios con mejores ingresos y trabajadores que combinan múltiples plazas para completar jornadas e ingresos suficientes. La aparente estabilidad del empleo docente también oculta desigualdades internas que reproducen muchas de las fracturas del mercado laboral mexicano.

Entender estas diferencias importa porque la calidad educativa también depende de las condiciones laborales de quienes enseñan. Hablar del magisterio no debería limitarse a reconocer su importancia social una vez al año, sino a discutir cómo construir trayectorias laborales más equitativas, estables y atractivas para quienes forman el capital humano del país.

Te invitamos a leer este artículo en Animal Político.

Juvenal Campos (@JuvenalCamposF) es Ingeniero en Irrigación por la Universidad Autónoma Chapingo y Maestro en Economía por El Colegio de México. Actualmente es analista de datos en México, ¿cómo vamos?

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