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Entre la prudencia y la pared: las cuentas del Paquete Económico 2026

  • El Paquete Económico 2026 es, a la vez, prudente y limitado. Lo bueno es que mantiene la disciplina; lo malo, que el gasto está cada vez más comprometido, y lo feo, que las presiones de financiamiento serán permanentes si no se emprende una reforma de fondo.
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FOTO: DANIEL AUGUSTO/ CUARTOSCURO.COM

El Paquete Económico 2026, el primero plenamente diseñado por la administración de Claudia Sheinbaum, llegó al Congreso sin grandes sorpresas, pero con un mensaje claro: la disciplina fiscal sigue siendo la brújula, aunque el camino para alcanzarla será más largo y más empinado. En esta entrega te cuento, en tres trazos, lo bueno, lo malo y lo feo de este nuevo presupuesto.

Lo bueno: la ruta de consolidación fiscal sigue viva

El principal mérito del Paquete Económico 2026 es que mantiene una trayectoria fiscal anclada, incluso después de un año de gasto elevado en infraestructura y apoyos sociales. El gobierno reafirmó su compromiso de estabilizar la deuda en torno a 52 % del PIB y de reducir gradualmente el déficit hasta alcanzar el 3 % en 2028.

En términos simples, eso significa que México sostiene la prudencia fiscal que lo ha caracterizado en los últimos años. Aun con presiones de gasto, el paquete evita incrementos abruptos de la deuda y mantiene una estrategia de financiamiento enfocada en bonos de largo plazo y tasa fija, lo que reduce riesgos de refinanciamiento.

Además, la apuesta por mantener el gasto de inversión —que crecerá cerca de 20 % real— tiene un sentido estratégico: mover el gasto hacia inversión física y productiva, particularmente en infraestructura y energía. Esto puede generar retornos más duraderos si los proyectos se ejecutan bien.

También hay señales positivas en los ingresos. El gobierno proyecta un aumento real de 6.3 %, apoyado en una mejor recaudación del IVA y del ISR, así como en medidas de fiscalización y digitalización más estrictas. Aunque no hay una reforma tributaria profunda, sí hay una mejora en la eficiencia recaudatoria, una forma indirecta de fortalecer las finanzas sin subir las tasas generales.

Lo malo: las rigideces del gasto se agravan

El lado menos favorable del paquete está en la composición del gasto. El presupuesto total asciende a poco más de 10.2 billones de pesos, pero el margen de maniobra del gobierno es cada vez más estrecho.

Entre pensiones, programas sociales e intereses de la deuda se concentra cerca del 60 % del gasto total del gobierno federal, lo que deja poco margen para políticas nuevas o contracíclicas. El costo financiero de la deuda ya representa 4.1 % del PIB, prácticamente lo mismo que el déficit total. Dicho de otro modo, cada peso que se pide prestado sirve para pagar intereses, no para invertir o mejorar servicios.

Buena parte del gasto se reparte entre programas sociales prioritarios —que se blindan por razones políticas y sociales— y una inversión pública cada vez más concentrada en proyectos energéticos y de transporte, donde Pemex y CFE siguen siendo los grandes receptores.

Y aunque se incluyen nuevos impuestos específicos (a bebidas azucaradas, tabaco, videojuegos violentos y apuestas), su efecto recaudatorio será modesto: apenas compensarán la caída de ingresos no recurrentes de 2025. Estas medidas ayudan a mejorar la composición de ingresos, pero no resuelven el problema estructural de fondo: México sigue recaudando poco para las necesidades que tiene.

Lo feo: las necesidades de financiamiento serán permanentes

Lo más preocupante del Paquete 2026 es que las presiones de financiamiento llegaron para quedarse. El déficit proyectado de 4.1 % del PIB no es alarmante en sí mismo, pero sí revela una nueva normalidad: el gobierno necesitará endeudarse más cada año para mantener el mismo nivel de gasto.

Las transferencias a Pemex casi se duplican, hasta 263 mil millones de pesos, bajo la promesa de que la empresa alcanzará equilibrio financiero en 2027. Pero esa promesa se repite cada año, y la dependencia fiscal de Pemex persiste.

Por eso, aunque la deuda total sigue “anclada” como proporción del PIB, esa estabilidad depende en gran medida de que el crecimiento nominal se mantenga alto. Cualquier desaceleración o aumento en las tasas de interés puede alterar ese equilibrio con rapidez.

En otras palabras, México está manteniendo el timón firme, pero sobre aguas cada vez más profundas. Sin una reforma fiscal integral, será imposible sostener este equilibrio a mediano plazo. No se trata solo de cobrar más, sino de hacerlo mejor: con progresividad, transparencia y eficiencia. Porque la estabilidad fiscal que hoy celebramos depende de que mañana seamos capaces de financiar un Estado que garantice derechos y fomente el crecimiento.

El Paquete Económico 2026 es, a la vez, prudente y limitado. Lo bueno es que mantiene la disciplina; lo malo, que el gasto está cada vez más comprometido, y lo feo, que las presiones de financiamiento serán permanentes si no se emprende una reforma de fondo.

México sigue mostrando responsabilidad, pero también aplazando decisiones difíciles. Y aunque el presupuesto 2026 logra un equilibrio razonable entre disciplina y compromiso social, la pregunta que queda flotando es clara: ¿cuánto más podrá sostener esta estabilidad sin rediseñar su política fiscal?

Te invitamos a leer este artículo en Animal Político.

* Víctor Gómez Ayala (@Victor_Ayala) es Economista en Jefe de Finamex Casa de Bolsa, Fundador de Daat Analytics y experto México, ¿cómo vamos?

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