#PreguntaExpertos

28 de Septiembre del 2021

¿Qué es lo que te preocupa más sobre la dinámica de la inflación en México, y qué retos adicionales para la recuperación representa que la inflación general lleve tantas quincenas consecutivas por encima del rango de variabilidad del Banco de México?

Esta semana nos ayudan a entender:

Opinión Las presiones inflacionarias de las últimas quincenas llevan a suponer una inflación acumulada para fines de año superior al 5%, un nivel significativo si se considera que para esas fechas el PIB no habrá recuperado aún su nivel previo a la pandemia. Mayor inflación mina el poder adquisitivo de la población y peor aún en un contexto donde si bien los empleos ya casi se han recuperado a niveles pre pandemia, lo que no se ha recuperado es el nivel de los salarios medios. Si bien en el mercado formal el promedio se ha recuperado, hay sectores como el de hoteles y restaurantes donde entre el primer trimestre de 2021 versus el mismo trimestre de 2020, la pérdida de poder adquisitivo fue de -4.8% para los empleados y -7.4% para los autoempleados. Pero donde las pérdidas de salario medio son mayores, es en el mercado laboral informal, donde prácticamente todos los sectores de la economía con la excepción de la agricultura tuvieron un retroceso promedio de -4.5 para el período antes señalado, con las mayores pérdidas del -5.5% para hoteles y restaurantes, y niveles de -9.8% para comunicaciones y transportes.
Por lo anterior es imprescindible revisar contener a la mayor brevedad las presiones inflacionarias para evitar un mayor efecto acumulado de pérdida de poder adquisitivo a los ya de por sí trabajadores mexicanos, de no contenerse lo más pronto posible empezará a tener repercusiones en los niveles de pobreza de la población, de manera permanente.

Opinión Lo que más me preocupa de la inflación es que BANXICO tendrá que operar con una política monetaria más restrictiva, lo que en teoría podría disminuir la inflación pero con un costo en la actividad económica y por ende en la generación del empleo. El gobierno debería de impulsar una agenda que aumente otros motores de crecimiento económico como la inversión pública y la privada.

Opinión Obviamente lo que preocupa es que la inflación subyacente no solo está por arriba de la meta sino que en los últimos meses ha tenido una tendencia creciente. Ya no es un fenómeno de base de comparación ni parece ser debido a factores transitorios.
Más aún, lo que preocupa es que la persistencia de altas tasas de inflación puede repercutir en una mayor pobreza por ingresos.

Opinión Preocupa, en mi opinión, que la inflación se genera por escasez de algunos bienes, hay productos como el acero y el aluminio que han subido mucho, pareciera entonces ser más un problema de oferta en donde la manera tradicional de enfrentarla es mucho menos efectiva.

Opinión La crisis post COVID representa uno de los mayores retos para la economía global y sin duda nacional. Como parte de los efectos de esa crisis, está la presión sobre los precios de los hidrocarburos. Resultado de una baja inversión realizada en 2020 (por la caída de precios internacionales), y una recuperación de la demanda que no está respaldada por una oferta suficiente, sino que hay consumo de inventarios. A esto hay que sumar que no hay certeza suficiente para la inversión en exploración y producción de hidrocarburos, debido a la necesidad de acelerar la transición energética. El resultado es que la energía necesaria para recuperar la economía, es cara. Mientras no haya sustituto ni certeza, seguirá siendo cara. Eso representa presiones inflacionarias permanentes. Así que todo parece indicar que tenemos que escoger entre recuperarnos con base en los hidrocarburos, lo que puede implicar mejores precios pero un costo ambiental inaceptable, o ralentizar la recuperación, a costa del beneficio social. Nada fácil.

Opinión De acuerdo con la más reciente información de la OCDE sobre el panorama económico mundial, un rápido aumento de la demanda a medida que las economías reabren como resultado del avance en la vacunación ha hecho subir los precios de productos básicos y productos clave, lo que tiene un efecto mayor en la inflación en los mercados emergentes.

Adicionalmente, la interrupción de las cadenas de suministro y la falta de mano de obra dispuesta a trabajar por determinado salario en ciertos países (concretamente en Estados Unidos) se ha sumado a las presiones de costos. Las perspectivas indican que estas presiones inflacionarias eventualmente deberían desvanecerse; se proyecta que la inflación de los precios al consumidor en los países del G20 se desacelere a lo largo de 2022.

Sin embargo, para países como México esa desaceleración de la inflación aún es incierta y está afectando a millones de personas que ya se encontraban en situación de vulnerabilidad. De ahí la importancia de, lejos de endurecer la política fiscal con fines recaudatorios, se requiere, como ha señalado la propia OCDE, de flexibilidad y de mantener o incluso reforzar los apoyos existentes. Parece haber gran prisa por dar por concluida la pandemia, sin embargo, los retos económicos y sociales que derivan de ella aún persisten y no pueden borrarse de un plumazo. La pérdida de empleos, especialmente en mujeres, y los bajos salarios son visibles para buena parte de la población, que debe enfrentarse a aumentos sostenidos y generalizados en el precio de productos básicos.

Opinión La inflación es un impuesto que no requiere la aprobación del Gobierno y afecta más a los más pobres porque, quienes pueden, invierten sus recursos en instrumentos que les permiten evitar la inflación. Lo que más me preocupa es el impacto en el poder adquisitivo de los mexicanos.

Opinión La preocupación estriba en que ya conocemos las consecuencias de periodos prolongados con inflación alta y bajo o nulo crecimiento económico. La sociedad mexicana, particularmente los estratos en condiciones más vulnerables, ya fueron golpeados por una pandemia y por las decisiones de política económica de un gobierno ajeno a sus carencias. La política monetaria que deberá implementar el banco central forzosamente tendrá que apuntar al alza de tasas de interés, lo cual no es buena noticia ni para el desarrollo de proyectos e inversiones, ni para los deudores. Es cierto que no solo nuestro país ha experimentado esta dinámica de inflación ocasionada por la reactivación económica después del confinamiento, pero si lo es que esta administración ha hecho todo lo posible por recrudecer los efectos negativos que esto ocasiona en las familias mexicanas. Y, como si fuera poco, recién está proponiendo el Ejecutivo, retornar a un modelo de la industria eléctrica que amenaza con crear fuertes presiones inflacionarias adicionales. Lo más preocupante no es la dinámica de la inflación, sino las condiciones económicas que procura el gobierno federal para empeorarla.

Opinión Existen debates extensos a nivel global sobre el fenómeno inflacionario que estamos experimentando a raíz de la pandemia y sus secuelas. En México, a diferencia de lo que ocurrió en muchos mercados emergentes, pese a que las tasas de inflación se moderaron en algunos rubros durante 2020, no se observó una reducción generalizada de la inflación al consumidor, como sí ocurrió en otros mercados emergentes. Entre las preocupaciones asociadas a la dinámica de precios que estamos viendo en nuestro país se encuentra la naturaleza del choque y su duración, puesto que se ha discutido si se trata de un fenómeno más dominado por efectos de oferta o demanda, y si sus secuelas serán más transitorias o permanentes. Lo anterior es fundamental para entender el papel que debe jugar la política monetaria en este contexto, pues frente al proceso de normalización monetaria que se espera en economías avanzadas como Estados Unidos, el espacio para mantener una postura acomodaticia será más estrecho. De ahí que se sugiera que más que pensar en si los choques a la inflación son permanentes o transitorios, se deba analizar si la multiplicidad de éstos, aún en el caso en que sean transitorios, nos acerca más a un escenario de incremento sostenido en el nivel general de precios, como hemos visto durante 2021. En ese sentido, el escenario que más nos debe preocupar es una trayectoria creciente en el componente subyacente de la inflación (mercancías y servicios) dominado por efectos de oferta, pues esto reduciría el margen de maniobra de la política monetaria para hacer que la inflación converja a su meta de 3%. Este punto es crítico, ya que frente a la necesidad de administrar el ritmo de normalización monetaria, que será ineludible si los bancos centrales de economías avanzadas comienzan a incrementar sus tasas, una postura más restrictiva de parte del Banco de México podría contribuir a que la recuperación en los próximos años sea menos dinámica, a fin de garantizar que la inflación se mantenga relativamente ordenada.

Opinión El mayor reto es el impacto más fuerte que tiene la inflación en los hogares más pobres. Esto –sumado al carácter poco progresivo de la actual política social del gobierno federal– puede empeorar aún más la situación de la población en situación de pobreza y pobreza extrema que, además, aumentó durante la pandemia.

Opinión Lo que más me preocupa es que, desde 2017, México parece haber entrado a un nuevo régimen de inflación más elevada, respecto al quinquenio inmediato anterior (2012-2016) y respecto al periodo 2003-2016 en que estuvo vigente la meta de 3.0.

La convergencia a este objetivo se ve cada vez más lejana.

El principal riesgo es que se perciba un menor compromiso del Banxico con la estabilidad de los precios. La pérdida de credibilidad del objetivo reduciría la efectividad de la política monetaria, lo cual haría más costoso, en términos sociales, el control de la inflación.

Opinión Creo que la inflación, tanto en México como en Estados Unidos y en la mayoría de países, obedece fundamentalmente a efectos base y a choques temporales de oferta. Estos choques en buena medida se explican por cuellos de botella en el suministro de insumos en la producción de manufacturas que a su vez obedecen a que distintos puertos y embarcaciones en el mundo operan a capacidades reducidas debido a las medidas de protección frente a la pandemia. Por otra parte, tenemos una economía que todavía muestra niveles importantes de holgura (todavía lejos de una recuperación ante la caída provocada por la crisis) y un mercado laboral todavía débil. Es decir, la inflación no está aumentando por factores estructurales o de demanda agregada. Además, las expectativas inflacionarias están bien ancladas. En este sentido, creo que las posibilidades de ver episodios de alta y persistente inflación son bajas y que lo más factible es que el año que viene veamos una caída importante en los índices inflacionarios. Por ello, no creo que la política monetaria se deba de tornar más restrictiva pues ello podría afectar la recuperación de la economía.