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Este no es el México que merecemos, ni siquiera el que tenemos…

  • La eficiencia en el proceso desde que llegan las vacunas al país, se distribuyen y son aplicadas a los ciudadanos puede determinar en gran medida el éxito o fracaso de la campaña de vacunación. Si el ritmo de vacunación siguiera igual al que hemos observado, tomaría 2.6 años vacunar al 75% de la población, según la plataforma de seguimiento de vacunación de Bloomberg.
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FOTO: FERNANDO CARRANZA GARCIA / CUARTOSCURO.COM

El 17 de febrero decidí, como muchas otras personas, ir a uno de los sitios de vacunación de la Ciudad de México para ver si tenía la posibilidad de obtener una vacuna. Confieso que no me correspondía esa delegación, pero se escuchaba que si sobraban vacunas y si uno cumplía con el requisito de la edad, que desafortunadamente cumplo sin ninguna duda, tenía la posibilidad de recibirla. Me parece lógico que si sobran se aprovechen y me lancé en su búsqueda.

Serían por ahí de las 5 o 6 de la tarde y mi sorpresa al llegar a la escuela primaria Josefa Ortiz de Dominguez, ubicada en la Unidad Independencia, fue encontrar una enorme fila de personas, mayores la mayoría de ellas, que llevaban ahí tres, cuatro o más horas esperando a que uno de los muchachos de chaleco verde o morado les dijera si los iban a vacunar o no. Se veían cansados, pero esperanzados. No hay sillas y la gente se sienta donde puede, incluso en el piso.

Pregunté por la disponibilidad de vacunas y la respuesta fue “ya no hay fichas”. Llegó un señor como de mi edad con su mamá, 95 años y en silla de ruedas, a preguntar y la respuesta fue la misma; le sugerí pedir una ficha para el día siguiente, de manera que no tuviera que hacer todo el trámite de nuevo y la respuesta fue “las fichas de mañana se entregan mañana”.

Más allá de la desinformación, la falta de preparación de los jóvenes que de buena fe están colaborando como “servidores de la nación”, no hay alguien que tome una decisión inteligente como decirle a las personas que regresen en 3 horas sabiendo que toma X número de minutos vacunar a cada persona, aparece ese espíritu solidario que tenemos los mexicanos ante las desgracias, pero me dio mucha tristeza y coraje a la vez ver ese espectáculo de un México que fuimos pero que ya no somos, de un México que no añoramos ni extrañamos, de un México que no nos merecemos y al que parece nos quieren llevar.

No es romántico ni “padre” hacer fila todos sin excepción, pensando que esa es la igualdad a la que aspiramos, no está bien que renunciemos a nuestra legítima aspiración de tener un mejor país con más y mejores servicios. Queremos tener todos acceso a mejores servicios, a mejores condiciones de vida, lograr la igualdad hacia abajo es trivial pero criminal.

Quiero aclarar que al viernes 26 de marzo el proceso de vacunación en la Ciudad de México ha mejorado de manera sustancial; sigue siendo mucha gente, pero el proceso es ágil y las personas del gobierno de la ciudad muy amables. El viernes me vacuné, en donde y cuando me correspondía, y la experiencia fue muy buena. No pasa lo mismo en el resto del país donde lo que he descrito no sólo se mantiene sino que, en algunos casos, es aún peor.

La semana pasada, México se convirtió en el tercer país en alcanzar 200 mil muertes asociadas a Covid-19. Solamente podrá darse una recuperación económica plena en la medida en que el país logre vacunar al 75% de la población para poder alcanzar la inmunidad de rebaño. La eficiencia en el proceso desde que llegan las vacunas al país, se distribuyen y son aplicadas a los ciudadanos puede determinar en gran medida el éxito o fracaso de la campaña de vacunación. Al jueves 25 de marzo, el número de dosis aplicadas por cada 100 personas en México era de 4.84, según cifras de la plataforma Our World in Data. Este ritmo de vacunación es lento incluso comparado con otros países en Latinoamérica como Brasil y Argentina, que han aplicado 7.79 y 7.45 dosis por cada 100 habitantes, respectivamente. Según la plataforma de seguimiento de vacunación de Bloomberg, si el ritmo de vacunación siguiera igual al que hemos observado, tomaría 2.6 años vacunar al 75% de la población.

Hace algunos años, como mi derecho a la vacuna por ser mayor acredita, hacíamos colas enormes para todo: para obtener la licencia de conducir, para inscribirnos al examen de admisión de las preparatorias públicas, para hacer un cambio de propietario de un  vehículo, para hacer un trámite ante el SAT, ante el IMSS, para tramitar un pasaporte y para muchas otras cosas más. Había que madrugar para obtener “la ficha” y acceder al servicio, perdía uno el día de trabajo o de escuela porque estaba ahí todo el día, regresábamos en la tarde por el pasaporte y salía un gritón repitiendo los apellidos de quienes lo habían logrado, los que no al otro día y otra falta al trabajo o escuela.

Los gobiernos hicieron un enorme esfuerzo por mejorar la prestación de los servicios y hoy muchos de ellos son muy eficientes. Sacar una licencia de manejo, una cita ante el SAT, un pasaporte y muchos trámites más es muy sencillo y rápido, lo que por cierto ha disminuido la corrupción existente.

Esta manera de vacunar es inaceptable para un país como el nuestro, se puede hacer mucho mejor, con citas programadas, en lugares adecuados, no en escuelas en las que ponen una carpa, unas pocas sillas y debo decirlo muy buena disposición de las personas que aplican las vacunas, cariñosos incluso.

Te toma una foto una persona que no conoces, te pide que te quites el cubrebocas, lo hace con su celular, ¿para qué? ¿Qué hacen con esa foto? ¿Quién es el que la toma? Que por cierto tiene a la mano los datos del INE y en su caso comprobante de domicilio, ¿en este país? ¿En esta ciudad? Da miedo la verdad. Ya es válido negarse cuando quieren tomar la foto, la presión social ayudó a disminuir esta práctica.

Sabemos que hay mejores maneras de hacer las cosas, no sólo lo sabemos lo hemos hecho, yo tengo 63 años y he visto, a pesar de muchas, muchas deficiencias, cómo México ha evolucionado. Sin duda falta mucho y hemos cometido errores, pero la solución no es volver a empezar, no es volver al pasado donde el trapiche y las colas nos distinguen; será romántico para algunos pero criminal para todos. Es como renunciar al cine actual para volver al cine mudo, en blanco y negro. No debemos perder nuestra aspiración legítima a vivir mejor a recibir servicios de calidad. No nos acostumbremos a lo jodido, a los apagones, a las colas. En fin, regresar al México de los 60, 70 no es avance.

No es el México que queremos, no es el México al que aspiramos, pero sobre todo no es el México que merecemos.

Te invitamos a leer el artículo en Animal Político.

Juan Ignacio Gil-Antón (@juanignaciogil1) estudió la Licenciatura en Economía en el ITAM. Fue Director de Seguros Corporativos de GNP y Presidente del Centro de Estudios Económicos del Sector Privado (CEESP). Ocupó diversos puestos en el Gobierno Federal antes de su incursión en el sector asegurador, en 1989, como Vicepresidente y Liquidador de la Aseguradora Nacional Agrícola y Ganadera. En 1991, ingresó a la CNSF de la que fue Presidente de 1994 a 1998. Impartió clases en el Departamento de Actuaría del ITAM en 1998 y en 1999 ingresó a GNP. De 2008 a 2011 fue presidente del Comité Ejecutivo de la AMIS. Desde 2008, ha sido miembro de la Comisión Ejecutiva el Consejo Coordinador Empresarial.

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