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Dune y la innovación

  • Las ventajas de la capacidad de innovar son conocidas, basta con ver el desarrollo de las vacunas contra el COVID. Si las ventajas son obvias, ¿por qué una sociedad pondría obstáculos a la innovación?
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FOTO: CARLOS SALINAS ENRIQUEZ/CUARTOSCURO.COM

No hay desarrollo humano sin crecimiento económico, y no hay crecimiento económico sin innovación.

Todo parece indicar que la causa próxima del crecimiento económico es el aumento de la productividad: de acuerdo a Easterly y Levine la productividad total de los factores determina las diferencias entre el nivel y la tasa de crecimiento del ingreso por persona en una muestra amplia de países. No hay consenso en cuanto a las causas que determinan el incremento de la productividad.

McCloskey sostiene que la innovación es la causa fundamental del incremento de la productividad y del crecimiento exponencial de los ingresos por persona desde 1800. La innovación no equivale a las invenciones o descubrimientos sino a lo que llama “mejoras que superan la prueba del mercado”, las que generan ganancias a las empresas ya que son aprobadas por el público: la inversión es condición necesaria pero no suficiente.

McCloskey nos invita a abandonar el término capitalismo a favor de innovismo para referirnos a la forma de organización económica basada en la libertad individual, la cooperación a través del libre intercambio y las mejoras probadas por el mercado. La palabra capitalismo pone énfasis en la acumulación de capital la cual por sí sola no puede dar cuenta del crecimiento.

Las ventajas de la capacidad de innovar son conocidas, basta con ver el desarrollo de las vacunas contra el COVID. Si las ventajas son obvias, ¿por qué una sociedad pondría obstáculos a la innovación?

Pensaba en esto mientras veía Dune, de Denis Villeneuve. La película muestra el apogeo de una sociedad feudal que depende en su totalidad del consumo de una sustancia, la especia, que se produce en un solo planeta del universo conocido. La película de Villeneuve se basa en la novela de Frank Herbert del mismo nombre (en lo que sigue habrá varios spoilers a la película y la novela). En ésta se retrata en detalle un futuro lejano en que los humanos habitan incontables planetas y poseen capacidades impensables, pero cuya sociedad, regida por un imperio feudal, es completamente estática.

En la novela descubrimos que milenios antes una cruzada religiosa prohibió las computadoras y el desarrollo de la inteligencia artificial. Al fin de la cruzada se estableció un monopolio interplanetario, la cofradía espacial, que controla todo el comercio y la banca. Es posible viajar más rápido que la luz gracias a las habilidades sobrehumanas que la especia da a los navegantes de la cofradía. El emperador controla la producción de la especia y junto con la cofradía espacial, el universo conocido.

​Al no haber alternativas a la especia (como la inteligencia artificial que podría sustituir a los navegantes de la cofradía), el orden del imperio está garantizado. La amenaza creíble de que un planeta quede aislado comercialmente del imperio inhibe cualquier cambio económico o social. El imperio celebra la inmovilidad al grado de que los años se cuentan a partir de la fundación de la cofradía: la historia ocurre en el 10,191 AG (after guild), aproximadamente 20,000 años en nuestro futuro.

La novela, publicada en 1965, establece un paralelismo entre la especia y el petróleo y la competencia internacional por asegurar su suministro. Dune es un mundo donde las alternativas al petróleo fueron suprimidas intencionalmente.

Al no haber innovación, imagino que la tasa de crecimiento del ingreso por persona en el imperio es cero: poco a poco se descubrirían y poblarían nuevos planetas, es decir, el capital físico y el trabajo, factores de la producción, crecerían continuamente. En planeta tras planeta meramente se replicaría lo que ya existe, indefinidamente. Ya que el pastel no puede crecer, la única posibilidad de mejora para un grupo es arruinar a otro.

Esta creencia tóxica se torna realidad: cuando inesperadamente aparece un mesías capaz de romper el orden del imperio solo implanta una nueva religión y redistribuye el poder y la riqueza. La especia sigue en el centro de todo. Su nueva, brutal tiranía persiste por miles de años.

La cooperación permite superar la escasez y que la prosperidad de unos sea compatible con la de otros. Ese es el elemento central del innovismo y lo que está en juego cuando pensamos en la innovación. El crecimiento económico es la manifestación del alcance de la cooperación.

En el universo de Dune se dice que “quien controla la especia, controla al universo”, tal vez debería decirse que “quien detiene la innovación, controla al universo”.

Te invitamos a leer este artículo en Animal Político.

Luis Sánchez Mier es doctor en Economía por la University of Minnesota, profesor del Departamento de Economía y Finanzas de la Universidad de Guanajuato y experto México, ¿cómo vamos?

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