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Diálogos en Washington

  • Si se desea combatir a la inflación, promover el comercio y la inversión, generar más empleos o atraer inversiones, la mejor estrategia que pueden desplegar los países de América del Norte es cumplir con el T-MEC.
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FOTO: PRESIDENCIA/CUARTOSCURO.COM

El presidente Andrés Manuel López Obrador se reúne en Washington, D.C., hoy 12 de julio. Además del encuentro de los presidentes, López Obrador tendrá una charla con la vicepresidenta Kamala Harris, y una conversación con empresarios de ambos países.

Aunque seguramente se discutirán temas como la migración, la seguridad, la inflación mundial y la recuperación económica, sin descartar que puedan abordarse temas como la invasión rusa a Ucrania y la rivalidad entre China y Estados Unidos, para efectos de este espacio nos concentraremos en el T-MEC y su importancia para la recuperación económica en América del Norte a dos años de su entrada en vigor.

Para valorar el segundo aniversario del T-MEC debemos considerar el contexto actual: primero, la crisis económica generada por la pandemia no ha terminado aún, y si además tomamos en cuenta las crecientes presiones inflacionarias a nivel mundial, la invasión de Rusia a Ucrania, y las tensiones alrededor de China, notaremos una serie de factores que obligan a las empresas a tener una mejor planeación, a buscar lugares en donde minimicen posibles retrasos a sus operaciones y desde donde puedan atender a sus mercados de la mejor manera posible.

Es este contexto el que le da un valor enorme al T-MEC. Dada las condiciones políticas en Washington, ya era un logro enorme que México, Estados Unidos y Canadá hubieran podido modernizar un acuerdo (el TLCAN) que originalmente databa de 1994, para incorporar elementos modernos -como es el respeto a los derechos laborales y ambientales, reglas para el comercio electrónico  y códigos de conducta para las empresas del estado- que permiten hacer frente a los nuevos retos económicos mundiales y a las críticas que la globalización ha recibido en los últimos años, pero cuando las empresas comienzan a tomar sus decisiones con base en la certidumbre, y no en el beneficio económico, el T-MEC convierte a América del Norte en una región naturalmente atractiva.

Más allá de las reglas propiamente contenidas en el tratado, para México es claro que el T-MEC representa la fuente más importante de actividad económica, mientras que para Estados Unidos, sobre todo ante las amenazas de una posible recesión, el T-MEC es una manera de reforzar la competitividad de sus empresas al preservar las cadenas de suministro existentes.

No podemos dejar de repetir la gran importancia del comercio bilateral: de acuerdo con datos del Departamento de Comercio de EE.UU., en 2021 el comercio bilateral alcanzó 620 mil millones de dólares, y en el primer trimestre de este 2022 ya se acerca a los 250 mil millones de dólares –posiblemente en camino a un resultado histórico.

Pero para que el T-MEC pueda ser el catalizador del crecimiento económico y competitividad que todos esperamos, los gobiernos de México, Canadá y Estados Unidos deben garantizar el cumplimiento de sus disposiciones al pie de la letra.

Se ha dado una considerable crítica a ciertas decisiones de política pública en México, particularmente en el sector energético, pero también en sectores como la agricultura y comercio digital. En el caso de Canadá, se han implementado políticas en el sector lácteo que no cumplen con las disposiciones del TMEC en la materia, a pesar de que dicho país ya perdió con Estados Unidos, mientras que este último avanzó en una interpretación errónea en el cálculo de valor de contenido regional para las reglas de origen en el sector automotriz.

Algunos de estos temas ya han sido referidos al capítulo de solución de controversias del acuerdo, pero otros siguen abiertos. En el contexto que describimos previamente, lo peor que pueden hacer los países de América del Norte sería enviar la señal de que los compromisos son flexibles, y que dependiendo del tema que sea, se podrán hacer excepciones. Si se desea combatir a la inflación, promover el comercio y la inversión, generar más empleos o atraer inversiones, la mejor estrategia que pueden desplegar los países de América del Norte es cumplir con el T-MEC.

El mejor resultado sería que, posterior a la visita del presidente López Obrador a Washington -y con miras a la Cumbre de Líderes de América del Norte, que se celebrará en México antes de que concluya el año- se haga un compromiso para fortalecer y preservar la integridad del tratado, más aun si consideramos los tiempos políticos que vendrán: primero, la elección de medio término en Estados Unidos, y después la carrera hacia las elecciones presidenciales en ambos países en 2024.

No debemos caer en la tentación de que los compromisos comerciales se adapten a las agendas políticas en cada país. Si se utiliza el comercio para obtener votos en la siguiente elección, para controlar temas migratorios o para apoyar causas nacionalistas, estaremos creando una dinámica muy peligrosa en la cual todos corremos riesgos.

Te invitamos a leer el siguiente artículo en Animal Político.

Juan Carlos Baker Pineda (@JCBakerMX) es socio fundador de Ansley Consultores, profesor de Comercio y Economía en la Universidad Panamericana y Experto México, ¿cómo vamos?

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