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Las oportunidades de crecimiento de América Latina están en la inversión en innovación y desarrollo

  • Las economías que invierten en innovación y desarrollo están apostando por oportunidades para el crecimiento futuro más que por factores condicionantes del crecimiento actual.
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FOTO: IMSS/CUARTOSCURO.COM

Durante los últimos 20 años, la capacidad de creación e integración de nuevas tecnologías en los países ya desarrollados, representados por Estados Unidos, Europa Occidental y parte del sudeste asiático, ha sido determinante para que estos continúen con tasas de crecimiento económico positivas. Al ser países avanzados, estos ya agotaron su posibilidad de crecer vía inversión tradicional, por lo que necesitan que el capital ya instalado sea más productivo, ya sea con nuevos procedimientos, actualizaciones o reemplazo de estos con tecnología nueva al momento de su renovación (Jones y Fernald, 2014). Estas son componentes importantes en el impulso al crecimiento de las economías y de la productividad (Kogan, Papanikolaou, Seru y Stoffman, 2017).

En el resto del mundo, los determinantes del crecimiento son distintos. En los países de América Latina falta mucho por completar la profundización del capital público como inversión en infraestructura, por lo que esta genera rendimientos relevantes y se vuelve un componente importante del desarrollo de estos países. Sin embargo, las tasas bajas de crecimiento que se han reflejado en los últimos 25 años en la región en comparación con países de ingreso medio demuestran que este tipo de inversión por sí misma no es suficiente para promover su aceleración. Una de las posibles causas importantes que ha detenido el desarrollo regional, en comparación con lo hecho por los países desarrollados, es la poca capacidad de producción e inclusión tecnológica que han tenido estos países. 

En general, hay dos formas principales de integrar nuevas tecnologías en un país. La más fácil es importando la nueva tecnología recién creada del resto del mundo, vía copia, adquisición o asimilación, mientras que la más difícil es generando en la creación de ciencia dentro del país, vía la inversión en investigación y desarrollo.

En el caso de la región de América Latina en general, además de otros países en desarrollo, la asimilación tecnológica puede no ser completa por varios factores que incluyen el hecho de que la difusión tecnológica suele ser lenta entre países debido a la existencia de patentes y secretos industriales, a que por economías a escala la tecnología fue creada para el uso de un país en específico, y a que hay incertidumbre sobre el funcionamiento y sostenibilidad de la nueva tecnología si esta no ha sido probada con antelación. Esta genera que los costos de adquisición de una nueva tecnología sean muy altos, por lo que aun cuando en los últimos 30 años esta se ha acelerado (Comin, Easterly y Gong, 2010), las industrias de la región de América Latina, con una aversión al riesgo mayor que países con un ingreso per cápita mayor, quisieran mejor esperar a que estos costos disminuyan para su adquisición. 

Sin embargo, el hecho principal de que la asimilación tecnológica no pudiera funcionar es debido a que la implementación tecnológica necesita requerimientos de infraestructura previamente instalados antes de que su operación, que países en desarrollo no necesariamente tendrán, y más importante, requieren de capital humano disponible que sepa utilizar esta tecnología pues el capital físico complejo es muy complementario con el capital humano, lo que explica por qué aun cuando hay procesos innovadores y productivos recientes no puedan ser usados para resolver problemas básicos de las sociedades en desarrollo, pues se necesita de personas capacitadas en el uso de estos para poder explotar estas ventajas (Akcigit, Pearce y Prato, 2020). Por ejemplo, si hay un procedimiento innovador en un sistema basado en código abierto, cuyo acceso puede obtenerse en todo el mundo, para aprovecharlo se necesita a una persona que pueda interpretar el procedimiento y conozca el lenguaje de programación.

Por su parte, el análisis de la información de Innovación y Desarrollo (I&D) muestra una diferencia muy marcada entre un grupo de países líderes representados por la mayoría de las economías desarrolladas más otros países, principalmente China e India, que ponen un uso de recursos sobresaliente en una combinación de gasto público y contratación de personal de I&D con respecto al resto del mundo. ¿Por qué lo ejercen? La respuesta no es obvia pues su ejercicio no implica un aumento directo en el crecimiento económico ni en la productividad de estos países (con la posible excepción de China por un efecto escalar). 

Esto es porque el tiempo de maduración de la inversión en investigaciones es mucho más tardado y riesgoso que otro tipo de inversiones en capital ya existente, y en la mayoría de los casos ni siquiera tienen el objetivo de proporcionar innovación en los factores de la producción. Por supuesto, la inversión en capital tiene resultados más rápidos y tangibles, pero considerando el valor presente neto de la inversión, esta es positiva y el costo de perder un año de inversión en I&D es mayor a la que se pudiera tener en infraestructura u otro tipo de gasto en capital público y privado (Jones y Summers, 2021).

En el caso de la creación y acumulación de capital, este aumenta el nivel de la producción durante los periodos en construcción (se rentan las máquinas y se pagan sueldos de los trabajadores) pero al terminar el desarrollo solo crea crecimiento sostenido si esta genera una mejora en la eficiencia de las cadenas productivas y se consideran expansiones futuras sobre el proyecto (como en un hub). Por su parte, la inversión en I&D no va a aumentar significativamente el nivel del PIB actual, pero sí aumenta el potencial, en especial si el resultado termina siendo disruptivo en el futuro de los modos de producción de las economías que invierten en estas tecnologías (Fernald, 2014). 

Esto quiere decir que las economías que invierten en I&D están apostando por oportunidades para el crecimiento futuro más que por factores condicionantes del crecimiento actual. Esto se refleja en los datos, ya que, si bien no hay una relación entre el número de trabajadores con el crecimiento de la economía, sí la hay si en vez del nivel tomamos en cuenta el crecimiento de estos. 

Lo anterior hace que se plantee como necesario la I&D para crear nuevas tecnologías e impulsar el crecimiento en México y los países de la región de América Latina. Sin ser una regla fija, como fuente potencial de crecimiento en el mediano y largo plazo, hay una brecha de 0.8 y 1.9 puntos porcentuales del PIB que en promedio los países de América Latina les hacen falta para igualar al promedio de países de ingreso medio-bajo y de ingreso alto, respectivamente. Dentro de la región también hay desigualdades pues aunque según el último Reporte de Ciencia de la UNESCO en México a nivel país se invirtieron 5 mil 590 mdd en I&D (incluyendo el presupuesto de Conacyt y otras organizaciones públicas y privadas) en 2018, estas representaron apenas el 0.3% del PIB en 2018, menor al promedio de sus pares en América Latina, mientras que Brasil sí alcanza desde por lo menos el año 2000 los porcentajes de inversión iguales o mayores que los países de ingreso medio-bajo en I&D. También se obtienen las mismas conclusiones si se analiza el número de investigadores por millón de personas. Bajo esta lógica, la interpretación de los datos indicaría que, en América Latina, Brasil ha tenido más oportunidades de mejorar su productividad vía la implementación de nueva tecnología que el resto de sus pares de América Latina.

Como propuesta, un ejercicio presupuestal coherente para México es el fijar metas presupuestarias de inversión en I&D similares a las de Brasil en el corto plazo. Esto implicaría un aumento de 200 mil mdp al año en inversiones públicas y privadas, comparables con una tercera parte de lo programado a destinar a Pemex por parte de programas federales en 2022 o dos terceras partes del gasto social. No es un monto menor por más que se reparta entre el gobierno y el sector empresarial, lo que sería ejecutable priorizando una política nacional de investigación y desarrollo, pero es deseable debido a que las inversiones en Pemex o el gasto social implican un aumento en la demanda actual pero difícilmente se puede argumentar que generarán las oportunidades de una mayor I&D en los próximos años. 

Por otro lado, como política pública el país debería apostar por la creación de capital humano que complemente con la asimilación tecnológica del exterior de forma eficiente, por ejemplo en forma de enseñanza de lenguajes de programación, elementos que países como IndiaJapón y China comenzaron a realizar recientemente en su política educativa nacional. 

Te invitamos a leer este artículo en Animal Político.

* Isaac Guzmán Valdivia Tovar (@iguzmanv) es maestro en Políticas Públicas por la Universidad de Carnegie Mellon, así como economista y politólogo por el ITAM. Trabaja en analítica de datos e imparte cursos de macroeconomía en el ITAM y es Experto México, ¿cómo vamos?.

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