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Entre la inflación y la planificación

  • Es urgente un mecanismo que proteja a los estudiantes de las fluctuaciones de precios, mismas que nos afectan económica, emocional y académicamente. Al final de cuentas, ¿no se supone que somos el futuro de México?
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FOTO: ANDREA MURCIA /CUARTOSCURO.COM

Era consciente que dejar mi estado para estudiar iba a ser un reto en muchos sentidos, no solamente en el académico, sino también en el económico y emocional. Mudarme a la capital del país iba a significar más gastos, pero para ser honesta, no esperaba la situación actual de la economía mexicana.

No deseaba que durante mi vida universitaria me tocara vivir uno de los momentos “históricos” de la inflación en México. Leo constantemente en las noticias encabezados que versan cosas como “Inflación de agosto en 8.70%, la más alta desde diciembre del año 2000” 1 o “Banxico eleva tasa de interés a 9.25% para contener la inflación, un nivel récord”. 2 Al final, estos encabezados son más claros para mí cuando me enfrento a las responsabilidades que implica ser una estudiante foránea: comprar la despensa todas las semanas, pagar la renta, pagar los servicios de la vivienda, transporte, costos escolares y cualquier otro gasto extra que surja en el transcurso del mes. Aunque los precios siguen subiendo, la cantidad de dinero de la que dispongo como estudiante es exactamente igual.

En las siguientes líneas voy a describir brevemente cómo es que la inflación me ha afectado a mí, persona joven que estudia. Contar esto puede tener muchas aristas, pero la idea principal parte de que dispongo de la misma cantidad de dinero para comprar productos y servicios que son cada vez más caros. Es decir, no cuento con ingreso laboral y las entradas de dinero de los que sí dispongo no se ajustan a la inflación. Este dinero representa el apoyo de mis padres y alguna beca que he tenido la fortuna de ser beneficiaria. Pero mi presupuesto mensual parece cada vez alcanzar menos al momento de ir al supermercado, la escuela o cualquier establecimiento que requiera pagos cotidianos.

Además, la actividad de administrar los recursos con los que cuento y pasar más tiempo buscando lugares donde pueda adquirir los bienes más baratos también representa menos tiempo para realizar las actividades que como estudiante debo desempeñar. Es innegable que el aumento en los precios es parte de mis preocupaciones diarias y mis perspectivas para el futuro.

Como estudiante, los bienes y servicios que adquiero pertenecen en su mayoría al grupo de los que sus precios han sido más volátiles. Lo que quiero decir con esto es que, por ejemplo, el aumento en el precio de una casa (2.9% anual a septiembre de 2022) –dentro de la inflación subyacente– no necesariamente va a afectar de forma directa mi bienestar en el momento presente. Pero el aumento en los precios de los bienes, como lo son las frutas y verduras, la carne y el huevo –dentro de la inflación no subyacente–, con aumentos anuales de 14.18%, 12.9% y 33.5%, respectivamente, representa un gran impacto a mi poder adquisitivo.

Dejando de lado esta clasificación, prácticamente todos los bienes que adquiero han aumentado sus precios, sin distinción. Este aumento de precios ocasiona que la mayoría de mis ingresos se vayan en pagar bienes y servicios necesarios para sobrevivir a la cotidianidad y prescindir de otros que no son tan urgentes. Estas restricciones significan disminuir las veces que puedo viajar a mi estado para visitar a mi familia, comprar opciones alimenticias menos saludables porque son más baratas o cualquier otro camino que ayude a disminuir el impacto en mi poder adquisitivo.

En conclusión, aunque la posición entre los estudiantes no es igual, porque esta diversidad la puedo ver en entornos tan pequeños como mi salón de clases, puedo percibir que todos tratamos de mitigar el impacto en nuestros bolsillos. En un mundo ideal, me gustaría pensar que mis preocupaciones estarán centradas en cómo voy a pasar los exámenes finales y no en cómo voy a ajustar mis gastos mes a mes para lidiar con el incremento de los precios.

Podría parecer un camino factible empezar a trabajar lo más pronto posible, quizá así pueda aumentar la cantidad de dinero de la que puedo disponer, pero con las expectativas de la economía mexicana, empezar la vida laboral en este momento no parece muy alentador. Visibilizar la situación de vulnerabilidad de los estudiantes ante un impacto inflacionario debería implicar la búsqueda de soluciones por parte del Estado mexicano. Es urgente un mecanismo que nos proteja de las fluctuaciones de precios, mismas que nos afectan económica, emocional y académicamente. Al final de cuentas, ¿no se supone que somos el futuro de México?

Te invitamos a leer este artículo en Animal Político.

* Daniela Martínez Rodríguez (@DaniMaro24) es estudiante de la Licenciatura en Economía en el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) y realiza Servicio Social en México, ¿cómo vamos?

1 “Inflación de agosto en 8.70%, la más alta desde diciembre del año 2000“. México ¿cómo vamos?, 8 de septiembre de 2022.

2 Redacción Animal Político. “Banxico eleva tasa de interés a 9.25% para contener la inflación, un nivel récord“. Animal Político, 29 de septiembre de 2022.

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