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Predecir el pasado: la pobreza en México en 2022

  • Alcanzar una reducción de la pobreza respecto a 2018, principalmente por transferencias, no es garantía de éxito de la política social de esta administración, pero no lograr tal cosa sin duda sería una señal de su fracaso.
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FOTO: ISABEL MATEOS /CUARTOSCURO.COM

Se atribuye al físico Niels Bohr haber dicho que “las predicciones pueden ser muy difíciles, especialmente sobre el futuro”. En algunas ocasiones, pronosticar lo que ya ocurrió no es menos complicado.

En agosto de 2023, el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social dará a conocer las cifras oficiales de pobreza para el año pasado, mismas que estarán basadas en la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares 2022 que el INEGI dará a conocer en julio del presente año. La magnitud en la que se habrá situado la cantidad de personas pobres en 2022 no se anticipa que sea similar a la que se presentó en 2020 (43.9% de la población), pero es particularmente complicado saber si habrá habido un progreso respecto a los niveles de pobreza de 2018 (41.9%).

El cambio en la pobreza de 2022 respecto a la de 2018 será clave para evaluar el desempeño de la administración actual y para la disputa política en las elecciones de 2024. Por una parte, una reducción sustancial de las cifras de pobreza podría moderar las críticas al presente gobierno mostrando algún poder redistributivo pese al pobre desempeño económico observado. Por otra, al no haber otra medición de la pobreza dentro de este sexenio sino hasta 2025, si la correspondiente al año pasado fuera notoriamente mayor a la de 2018 esto marcaría negativamente a esta administración.

La dificultad para saber en qué niveles se encontraría la pobreza en 2022 estriba en que sus principales determinantes presentan un saldo final difícil de establecer.

Para entender este problema conviene recordar que la medición oficial de la pobreza considera el ingreso promedio de los hogares y las carencias de nutrición adecuada, de acceso a servicios de salud, de educación, de seguridad social y de espacios y servicios básicos en la vivienda. Se considera que una persona se encuentra en situación de pobreza si tiene un ingreso que no alcanza para comprar la canasta de satisfactores alimenticios y no alimenticios que definen la línea de pobreza y al menos se tiene una carencia no monetaria, y en pobreza extrema si tal ingreso no es suficiente para comprar la canasta básica de alimentos y se tienen tres carencias no monetarias.

Entre el tercer trimestre de 2018 y el equivalente de 2020, el aumento en la pobreza estuvo determinado fundamentalmente por el deterioro del ingreso de las personas y la caída en el acceso a los servicios de salud. Por una parte, el porcentaje de población que no tenía un ingreso suficiente pasó de 49.9 % a 52.8 %, mientras que la que careció de acceso a servicios de salud aumentó de 16.2 % a 28.2 % en el periodo mencionado. El resto de las carencias o se redujeron o quedaron prácticamente igual.

Para revertir el incremento de la pobreza se requiere principalmente un aumento sustancial del ingreso de las personas y un mayor acceso a los servicios de salud. Al respecto hay razones para pensar que esto habría ocurrido en 2022, pero sin claridad en cuanto al nivel que se alcanzaría respecto a 2018.

El CONEVAL reporta que las remuneraciones laborales promedio de los hogares, la fuente de ingreso más importante de las personas, aumentaron 10 % en términos reales del tercer trimestre de 2018 al mismo periodo de 2022. Sin embargo, esto ocurrió de forma desigual, lo que significó que la población cuyo ingreso por trabajo no es suficiente para comprar la canasta alimentaria, denominada en “pobreza laboral”, permaneciera cercana al 40 % del total en ambos periodos. Puesto de otra forma, el cambio en el ingreso por trabajo apunta a no tener una reducción en la pobreza por ingresos.

Por otra parte, entre 2018 y 2022 el presupuesto asignado a programas sociales aumentó 20.4 % en términos reales lo cual, pese a su creciente sesgo a favor de los grupos que no son pobres, significaría una mayor posibilidad de que los recursos públicos reduzcan la pobreza. Además, en ese mismo lapso, las remesas se incrementaron 44 % en dólares nominales, lo que más que compensa la inflación y la apreciación del peso contribuyendo a reducir la pobreza de un gran número de hogares.

En cuanto al acceso a los servicios de salud, hay señales mixtas. Por una parte, con la gradual ampliación de la población vacunada contra el COVID-19 y la consecuente reducción de las presiones sobre el sistema de salud, se esperaría que las personas que consideran no contar con el derecho a los servicios de salud se hayan reducido. Por otra parte, los tropiezos presupuestales y administrativos del INSABI, al punto de que buena parte de sus funciones están siendo sustituidas por el IMSS-Bienestar, muestran que el sistema de salud público se encuentra en desarreglo, probablemente manteniendo o incrementando las carencias de atención a sus usuarios.

Si se toma como guía la información más reciente de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición se observa un reto mayúsculo para la regularización de los servicios públicos de salud. Esta encuesta muestra que entre 2018 y 2021 la población con necesidades de salud atendida por el sector privado aumentó 13.5 puntos porcentuales para situarse a finales de este último año en 56.7 %. Esto ocurrió por las limitaciones enfrentadas por el sistema de salud público debido a la pandemia, a su limitado presupuesto y a su ineficaz gestión. Revertir esta situación es posible, pero muy difícil que haya ocurrido para 2022.

En suma, la información disponible apunta a una reducción de la pobreza que podría revertir su aumento ocurrido en los últimos años e incluso mejorar apreciablemente respecto a la pobreza registrada en 2018. El mayor ingreso de los hogares, principalmente por transferencias, va claramente en esa dirección, aunque el deterioro del sistema de salud parece contener ese impulso. Alcanzar una reducción de la pobreza respecto a 2018 no es garantía de éxito de la política social de esta administración, pero no lograr tal cosa sin duda sería una señal de su fracaso.

Te invitamos a leer este artículo en Animal Político.

Rodolfo De la Torre (@equidistar) es  Maestro en Economía por la Universidad de Oxford y actualmente es el Director del Programa de Desarrollo Social con Equidad del Centro de Estudios Espinosa Yglesias. Forma parte del grupo de Expertos México, ¿cómo vamos?

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