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Las mujeres ganan menos, pero ¿por qué?

  • En el sistema en el que vivimos, a las mujeres se les asignan roles familiares que hacen que les sea más difícil llegar a posiciones más altas en empleos formales o que opten por la informalidad, ya que ahí encuentran mayores flexibilidades en cuanto a horarios para poder cumplir con esos roles adicionales.
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FOTO: GALO CAÑAS /CUARTOSCURO.COM

Por cada 100 pesos que recibe un hombre como ingreso laboral en México, las mujeres recibimos 811 Esto quiere decir que, en promedio, para ganar lo que un hombre gana en una semana, una mexicana tendría que trabajar un día adicional.

A pesar de estas estadísticas, hay quien niega la existencia de una brecha salarial en México y justifica el menor salario a que “ellas trabajan menos horas”, a que “a trabajo igual no se ha encontrado una diferencia significativa”.

En este blog quisiera, por un lado, explicar por qué existe la brecha salarial, y por otro, cómo atenderla no solo traería mayores oportunidades para las mujeres mexicanas, sino que adicionalmente nos beneficiaría a todos en México como sociedad.

Empecemos conociendo la situación actual. En el mercado laboral de nuestro país vemos resultados muy diferentes entre el sector formal y el informal. Por un lado, en el sector formal, en el que por ley aplican medidas de equidad de género, aún persiste una brecha, en la que por cada 100 pesos que gana un hombre, una mujer gana en promedio 86 pesos.

Y claro, el problema es aún mayor en la informalidad laboral, donde, de hecho, la mayoría de las mujeres empleadas se encuentran: ahí ellas ganan 74 pesos por cada 100 percibidos por un hombre. En este caso, para ganar el equivalente del ingreso masculino, una mujer tendría que trabajar casi dos días adicionales a la semana.

¿Por qué sucede esto? Principalmente, porque en el sistema en el que vivimos a las mujeres se les asignan roles familiares que hacen que les sea más difícil llegar a posiciones más altas en empleos formales o que opten por la informalidad, ya que ahí encuentran mayores flexibilidades en cuanto a horarios para poder cumplir con esos roles adicionales.

Ese rol que se les asigna a las mujeres como las principales encargadas de labores domésticas y de cuidados no hacen que trabajemos menos horas, sino más. De hecho, enfrentamos una doble jornada laboral, pues además del empleo, ya sea formal o informal, una mexicana en promedio dedica 9 horas al día a tareas del hogar y de cuidado no remuneradas (42 horas a la semana). En contraste, los hombres en promedio dedican 18 horas semanales a este tipo de labores.

Esta situación hace que los ingresos a los que podríamos acceder se vean reducidos y se perpetúan ciclos de pobreza –principalmente en hogares de madres solteras–. Pero, ¿es acaso esto lo más eficiente en un sistema de libre mercado? ¿El mercado ha fijado esos salarios y hay poco que se puede hacer?

La respuesta es NO. Las labores domésticas y de cuidado son trabajo y la ineficiencia es pensar que no tienen valor económico. Además, el problema no afecta solo a las mujeres. También se están perdiendo beneficios para la población en general, porque al dejar a un importante sector de la fuerza laboral fuera, la producción y productividad del país se está viendo limitada, al igual que la recaudación tributaria.

Algunos asumen que cuando pedimos que se tomen medidas para cerrar la brecha salarial lo que pedimos es “un sistema autoritario que imponga salarios iguales”. Pero no es así, lo que necesitamos es un piso parejo. México necesita políticas públicas con enfoque de género para acotar las brechas.

En primer lugar, cada vez es más evidente la urgencia de infraestructura de cuidados en México. Las familias mexicanas requieren la opción de recurrir a estancias infantiles, escuelas de tiempo completo, y otros centros de cuidado (para niños y adolescentes, personas enfermas o con alguna discapacidad o adultos mayores) para que todas las mujeres tengan la opción de participar en el mercado laboral, si así lo desean, y tengan mayores posibilidades de hacerlo en un empleo formal y, así, poder acceder a mayores ingresos.

Además, un sistema de cuidados tiene efectos positivos no solo para las personas cuidadoras, sino también para las personas que requieren los cuidados, por lo que una transferencia monetaria no puede sustituir la provisión de infraestructura pública de cuidados.

Otra de las medidas más importantes en esta materia es ampliar las licencias de paternidad y que estas sean obligatorias, pues su corta duración es un claro ejemplo de esta discriminación y mayor carga a las mujeres.

Distribuir más equitativamente la carga de labores no remuneradas e implementar políticas encaminadas a un sistema de cuidados proporcionaría mayor tiempo para los padres con sus hijos y mayores libertades y autonomía para las mujeres, así como las oportunidades de desarrollarse profesionalmente y llegar a cargos más altos. Al mismo tiempo, los niños tendrían acceso a mayores oportunidades de desarrollo infantil.

En 2021 el Banco Mundial señaló que en México “si las mujeres participaran a la misma tasa que los hombres, el ingreso per cápita del país sería 22 por ciento más alto”. Esa mayor autonomía de las mujeres para incorporarse a la fuerza laboral traería mayor crecimiento a nuestra economía, productividad e incluso recaudación tributaria al país en general, que podría usarse en diferentes programas sociales o de infraestructura pública para tener un país con crecimiento incluyente.

Ese crecimiento económico al que podríamos acceder al incrementar la proporción de las mujeres activas en la economía abriría oportunidades muy importantes para México como país y para todos como sociedad. Así que para la gente que cree que contribuir a construir un piso parejo les va a quitar oportunidades, en realidad sería todo lo contrario.

Te invitamos a leer este artículo en Animal Político.

1 Datos al cuarto trimestre de 2022. Ver aquí.

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