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Día de la lucha contra la desertificación: importancia y acciones clave

  • Cada segundo se degrada el equivalente a cuatro campos de fútbol de tierra saludable, lo que suma un total de 100 millones de hectáreas al año, de acuerdo con Naciones Unidas. Esta área degradada a nivel mundial es el equivalente a perder, cada año, poco más de la mitad del territorio mexicano de suelo agrícola y productivo.
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FOTO: JUAN JOSÉ ESTRADA SERAFÍN /CUARTOSCURO.COM

La desertificación es uno de los problemas más graves que enfrenta la humanidad en materia climática y ambiental. Hoy en día se considera como degradada hasta un 40 % de la superficie terrestre. Este año, en el marco Día de la Lucha Contra la Desertificación y la Sequía (17 de junio) y con la frase “Unidos por la tierra, nuestro legado y nuestro futuro”, se pone de manifiesto la importancia del futuro del cuidado del suelo y la tierra, nuestro recurso más preciado, para garantizar la estabilidad y la prosperidad de millones de personas en todo el mundo.

La pérdida de la tierra: el proceso de desertificación

La desertificación se da cuando la tierra fértil se vuelve seca y árida (como un desierto) y pierde su capacidad para albergar vida vegetal, lo que dificulta la agricultura y limita el desarrollo de la vegetación y la biodiversidad de una región o país.

De acuerdo con datos de Naciones Unidas, cada segundo se degrada el equivalente a cuatro campos de fútbol de tierra saludable, lo que suma un total de 100 millones de hectáreas al año. Esta área degradada a nivel mundial es el equivalente a perder, cada año, poco más de la mitad del territorio mexicano de suelo agrícola y productivo.

Desertificación: causas y consecuencias

La desertificación es causada por una mezcla tanto de actividades humanas como de diversos procesos naturales o climáticos. Factores como el sobrepastoreo, la agricultura no sustentable, la falta de medidas de conservación de suelos, los incendios agrícolas y forestales, la deforestación y la tala clandestina y los efectos de la sequía y el cambio climático contribuyen a que las áreas fértiles se vayan convirtiendo en zonas desérticas.

El problema de la desertificación es que es un ciclo vicioso (Granados Sánchez et. al) que se retroalimenta a través de procesos naturales y humanos; la degradación provocada por las actividades humanas altera los procesos físicos que producen la lluvia, lo que a su vez genera como respuesta nuevas actividades humanas que generan una degradación adicional, hasta que se produce la pérdida total del suelo y la desertificación en una región dada.

La desertificación trae consigo problemas serios, como tormentas de arena y polvo, desplazamientos humanos, la pérdida de la superficie agrícola, el aumento de los precios de los alimentos, inseguridad alimentaria y en última instancia, pobreza y la pérdida de biodiversidad y de los ecosistemas naturales.

El caso de México

En el caso de México, se estima que hasta el 65% del territorio y más del 58% de la población es vulnerable ante los procesos de desertificación, principalmente en la zona norte del país. De acuerdo con el Indicador integrado de la degradación del recurso edáfico (suelo), las regiones más vulnerables del país son la zona norte, los núcleos de población y las regiones agrícolas, especialmente aquellas donde se practican las técnicas de agricultura tradicionales.

En el caso de la sequía, esta ya se ha extendido por varios meses en el país, existiendo zonas en sequía excepcional en el país desde agosto del 2023. De acuerdo con el Monitor de Sequía de México, al 31 de mayo del 2024 se encuentran en sequía severa, extrema y excepcional el 57.8 % del territorio nacional y el 69.5 % de la población del país.

Este tipo de sequías causa la disminución drástica de los recursos hídricos disponibles para el consumo humano, la muerte de ganado, la pérdida de cosechas y de biodiversidad, la degradación del suelo y la desertificación.

¿Qué hacer?

Hay varias maneras en que se puede mitigar la desertificación: a través de la reforestación y la plantación de árboles en laderas y cañadas, a través de técnicas de conservación de suelos, mediante la conservación y cuidado de los bosques y vegetación nativa; al implementar planes para recuperar las zonas desérticas, y medidas para evitar o disminuir el sobrepastoreo, las prácticas agrícolas no sostenibles y la urbanización irregular.

Igualmente, es importante también el tomar acciones ante el cambio climático cuyos efectos, como la sequía y las altas temperaturas, favorecen los procesos de desertificación a lo largo de todo el mundo. Acciones como la reducción de emisiones, el uso de energías limpias o eficientar el uso del agua son algunas acciones fundamentales que se tendrán que considerar para mitigar la crisis climática y generar las condiciones para que todas las personas puedan tener una vida digna y segura en los próximos años.

Y de manera individual, las acciones que se pueden tomar son el uso racional del agua, el consumo responsable y sumarnos a campañas para plantar árboles en nuestras comunidades.

Entre algunos casos de éxito a nivel internacional se encuentran la Muralla verde de África, las campañas de reforestación en China (la Gran Muralla verde de China) o la agricultura en el desierto de Israel son casos de éxito que se podrían implementar en otras regiones para evitar el avance de la degradación del suelo o incluso ganarles espacio a los desiertos.

En conclusión

La desertificación no es solo un problema ambiental, sino también un tema de justicia social. Los más afectados por este fenómeno suelen ser las comunidades más vulnerables, que dependen de la agricultura para sobrevivir y que tienen menos recursos para adaptarse a las condiciones cambiantes o para adaptarse a nuevas prácticas agrícolas.

La desertificación es un desafío global significativo que afecta a muchas regiones del mundo. Sin embargo, con la implementación de medidas adecuadas y sostenibles, es posible revertir sus efectos y proteger nuestras tierras fértiles. Esperamos que la próxima administración federal, liderada por una mujer científica, adopte un enfoque más riguroso y basado en la ciencia para enfrentar estos desafíos. Este enfoque no solo ayudará a mitigar los impactos de la desertificación, sino que también promoverá un desarrollo más justo y equitativo para las futuras generaciones, asegurando que estas también puedan prosperar en un entorno que sea sostenible y resiliente.

Te invitamos a leer este artículo en Animal Político.

* Juvenal Campos (@JuvenalCamposF) es Ingeniero en Irrigación por la Universidad Autónoma Chapingo y Maestro en Economía por El Colegio de México. Actualmente es analista de datos en México, ¿cómo vamos?

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