Progreso y retroceso social en el sureste mexicano

  • En el caso de Oaxaca, Chiapas y Guerrero, hubo una reducción del PIB per cápita de entre 3 y 7 %, pero las mediciones de progreso social han cambiado en distintos sentidos y magnitudes. ¿Qué factores afectan al sureste en comparación al promedio nacional y qué diferencias presenta cada entidad?
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Ilustración: Kathia Recio | Cortesía de Nexos

El nivel de vida en cada estado o región del país es una configuración de distintos aspectos económicos y sociales. Por ello, un análisis centrado únicamente en los ingresos y en la producción presenta límites para evaluar la calidad de vida de los habitantes de la región. Si bien el nivel económico de la población es determinante en la posibilidad de acceder a bienes y servicios, hay distintos aspectos ambientales y sociales que influyen sobre la posibilidad de que los recursos económicos se traduzcan en bienestar.

En el caso particular del sureste, conformado por Oaxaca, Chiapas y Guerrero, es necesario examinar la situación económica de la región y complementarla con mediciones enfocadas en evaluar el desarrollo humano. De esta manera, es factible tener un panorama más completo respecto de la calidad de vida en cada región, a la vez que se identifican factores que, sin estar directamente relacionados con la economía, son determinantes en el día a día de las personas.

Un indicador para medir regionalmente el aspecto económico es el Producto Interno Bruto por entidad. Al dividir el tamaño de la economía de cada región entre el tamaño de la población, y descontando la actividad petrolera, se puede estimar el PIB per cápita en cada estado. Con ello se obtiene una medición sobre el ingreso mediano de la población. A partir de ello puede observarse que Oaxaca, Chiapas y Guerrero tienen los ingresos per cápita más bajos de todo el país. Incluso sus montos son menores a la mitad del promedio nacional.

En cuanto al desarrollo humano, los indicadores disponibles para medirlo son limitados. En parte, esto es consecuencia de la dificultad para concentrar en una única medición la información de los distintos factores que influyen en la posibilidad para que las personas se desarrollen plenamente. No obstante, el Índice de Progreso Social (IPS) de México ¿cómo vamos? concentra 54 indicadores que evalúan múltiples aspectos sobre el nivel de vida y las posibilidades de hacer valer los derechos de cada persona. Estos indicadores están divididos en tres componentes: Necesidades Humanas Básicas, Fundamentos del Bienestar y Oportunidades. A su vez, tales componentes pueden ser subdivididos en doce categorías, las cuales están construidas a partir de los indicadores. Además, esta medición presentó datos de 2015 a 2020, lo cual permite realizar un seguimiento de la evolución por estado de sus componentes.

A partir de la siguiente gráfica, puede observarse que el IPS y el PIB per cápita tienen una relación directa y positiva. Sin embargo, están lejos de ser equiparables por diferentes razones. En primer lugar, cada entidad tiene distintas capacidades de convertir el nivel de ingresos en desarrollo humano. Por ejemplo, entre las entidades del sureste, Guerrero tiene el nivel de ingresos más alto, pero es poco efectivo para convertir estos resultados en bienestar.

En segundo lugar, los cambios en el IPS de un año a otro no están directamente relacionados a los cambios en el PIB per cápita. En la gráfica de la derecha puede apreciarse que la variación anual del Índice de Progreso Social fue independiente de los cambios en el PIB per cápita durante 2020. En el caso de Oaxaca, Chiapas y Guerrero, hubo una reducción del PIB per cápita de entre 3 y 7 %, pero las mediciones de progreso social han cambiado en distintos sentidos y magnitudes.

Ahora bien, ¿qué factores afectan al sureste en comparación al promedio nacional y qué diferencias presenta cada entidad? Respecto a las características regionales, la siguiente gráfica permite identificar que la región sureste comparte algunas características. Primero, los componentes de Necesidades Humanas Básicas y Fundamentos del Bienestar tuvieron una disminución en el último año mientras que el de Oportunidades mejoró, aunque en distintas dimensiones. Segundo, el componente de Oportunidades en los tres estados tiene grandes oportunidades de mejora. Tercero, algunos subcomponentes del índice tienen niveles bajos en comparación a los resultados nacionales. Tal es el caso del agua y saneamiento, el acceso a información, la inclusión y el acceso a la educación superior.

En el caso de Oaxaca, su IPS lo coloca en la trigésima posición entre todas las entidades. Históricamente ha mantenido el mismo lugar desde que hay datos disponibles aun cuando en 2020 tuvo la segunda peor caída en el índice (una reducción de 2.5 puntos respecto a 2019). Entre los tres componentes en los que se divide el índice, la mayor caída de Oaxaca se debe a una pérdida de 6.4 puntos en el nivel de Necesidades Humanas Básicas, lo cual corresponde principalmente a un retroceso de 22 puntos en el subcomponente de nutrición y cuidados médicos básicos derivado del aumento en carencias por acceso a la alimentación y, sobre todo, el aumento de muertes maternas e infantiles.

El estado de Oaxaca también tuvo una caída de 4.5 puntos en torno a los Fundamentos del Bienestar como resultado de una disminución en el acceso a conocimientos básicos por la caída en la matrícula escolar. No obstante, no todos los componentes han tenido cambios negativos en el estado: las oportunidades han tenido una mejora gracias a la caída en la informalidad, la disminución de la incidencia de la corrupción y, particularmente, la disminución en el embarazo adolecente.

En cuanto a Chiapas, la caída en el Progreso Social fue considerablemente menor que en Oaxaca. Sin embargo, la entidad ocupa la penúltima posición en cuanto a bienestar. En este caso, el componente con la peor caída en el último año es el de Fundamentos del Bienestar (-3.7 ptos.), el cual fue afectado principalmente por peores niveles en el subcomponente de salud y bienestar (-13 ptos.). Tales resultados no son sorpresa ya que la entidad tuvo un aumento grave de muertes por diabetes y enfermedades circulatorias.

También las Necesidades Humanas Básicas en Chiapas presentaron cambios negativos durante el último año (-3.2 ptos.)  debido a que, al igual que Oaxaca, los niveles de nutrición y cuidados médicos básicos empeoraron (-9.5 ptos.) a causa del aumento de carencias por acceso a la alimentación y muertes maternas e infantiles. No obstante, este rubro también presenta algunas fortalezas en el estado: el nivel de seguridad personal está por arriba del promedio nacional y la región. De hecho, ocupó el quinto lugar en esta categoría durante 2020.

Al respecto del nivel de bienestar en Guerrero, el IPS lo ubica en último lugar para todos los años en que hay datos disponibles a pesar de que fue el cuarto estado con mayor mejora en el índice. Aun cuando la entidad tiene el PIB per cápita más alto de la región sureste y cuenta con bastos recursos naturales y culturales, el componente de Necesidades Humanas Básicas tiene malos resultados debido a que la entidad cuenta con el peor nivel de acceso al agua y servicios de saneamiento. Esto, además, se ve agravado por bajos niveles de seguridad.

Adicionalmente, la categoría de Fundamentos del Bienestar de Guerrero fue la que presentó una mayor disminución en 2020 (-1.6 ptos.)  puesto que, de manera similar a Chiapas, reportó un aumento de muertes por diabetes y enfermedades circulatorias. Por último, este estado tuvo su mejoría en el rubro de oportunidades (+4.8 ptos.). A pesar del rezago en estas categorías, el estado de Guerrero tuvo un aumento importante en la categoría de libertad (+8.1 ptos.) y la de derechos personales (+6.9 ptos.) que se explica por una mejora de la participación ciudadana y una disminución del embarazo adolecente.

En resumen, Oaxaca, Chiapas y Guerrero presentan los ingresos medios más bajos del país. Esta situación tiene un impacto en la calidad de vida de sus habitantes, pero para evaluar integralmente las posibilidades de una persona para desarrollar sus capacidades al máximo plenamente es necesario incluir mediciones sobre el acceso a las necesidades básicas, las condiciones estructurales para garantizar el bienestar y la posibilidad de ejercer los derechos. En este sentido, el sureste no sólo tiene pendiente su nivel de ingreso, sino que tiene un amplio margen para mejorar el acceso al agua y drenaje y, sobre todo, las oportunidades de desarrollo de la población. En particular, en los temas de libertad, inclusión y acceso a la educación superior.

Este texto es una colaboración entre México, ¿cómo vamos? y nexos.

Javier Martínez Rodríguez


1 En este texto se ocupa indistintamente bienestar, desarrollo social y progreso social para referirse a las posibilidades de que una persona pueda desarrollar sus capacidades al máximo y ejercer sus derechos, tal como lo señala Sofía Isabel Ramírez Aguilar, “Índice de Progreso Social: Más allá del PIB”, en Lo que indican los indicadores: cómo utilizar la información estadística para entender la realidad económica de México, Primera edición, Museo Interactivo de Economía, Ciudad de México, 2021, p. 199.

2 Para mayor detalle sobre los indicadores que conforman el índice consultar “Índice de Progreso Social, México 2015-2020. Cifras revisadas por entidad federativa”.

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