#Semáforo Electoral 2021

Colima: una promesa de alternancia trastocada

  • Con uno de los gobiernos peor evaluados, y después de más de treinta años de dirigentes priistas, parece irónico que lo menos importante de esta elección sea ofrecer una alternativa al partido tricolor.
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Ilustración: Víctor Solís | Cortesía de Nexos

Colima es uno de esos lugares donde el PRI todavía se mantiene invicto en el Poder Ejecutivo. Hace tres años nadie hubiera creído que las probabilidades de alternancia serían altísimas para un partido nuevo y con un discurso de izquierda. Históricamente, el rol de oposición lo ejerció el PAN, que en 2015 obtuvo apenas .2% menos de los votos que la candidatura apoyada por PRI, PVEM y Panal.

La elección de 2018 puso en crisis la forma en que se alineaban las organizaciones que compiten por el voto. Pero la ola Morena no barrió con un bipartidismo claro y consolidado; en Colima el sistema de partidos venía experimentando un aumento paulatino en la competencia y el fraccionamiento, lo que se aceleró con el landslide de la elección concurrente. Contando alianzas, en las elecciones de 2012, 2015 y 2018 el Número Efectivo de Partidos (NEP)1 en las elecciones legislativas evolucionó de 3 a 3.6 y 4.5.

Esta pluralidad de partidos se puede dividir en dos bandos. Hasta 2015, el eje ordenador de la competencia era a favor o en contra de la continuidad del PRI en el gobierno, pero hoy el principal clivaje político es la ratificación del proyecto obradorista en el territorio local o su resistencia. El proyecto estatal a defender es el de la llamada cuarta transformación y la oposición ya no es más la oferta de alternancia frente al oficialismo priista.

La reconfiguración de los clivajes políticos ha puesto como aliados a los que antes eran enemigos: el PRI, el PAN y el PRD formaron una coalición para presentar candidaturas comunes. También ha logrado alinear, al menos discursivamente, a quienes hace tres años se enfrentaron: Morena, el PT, el Panal, y el PVEM. En el escenario local, por primera vez el Panal y el PVEM no sostendrán algún tipo de alianza con el PRI; además, se han convertido en portavoces del proyecto político de López Obrador.

A diferencia de otras entidades, en Colima la alianza PAN y PRD es novedosa, aunque como estrategia es demasiado tardía, pues el desempeño electoral de este último partido es prácticamente irrelevante. Lo que aún sorprende a muchas personas es la sumatoria del PRI, pues históricamente ha sido el enemigo a vencer de las militancias blanquiazules. Esta coalición fue estimulada por acuerdos nacionales para hacer frente a todo lo que signifique López Obrador, pero a nivel local fue muy bien recibida por actores locales entusiastas por defender los espacios de poder que, históricamente, comparten mediante la competencia; un ejemplo es el excandidato del PAN a la gubernatura, Jorge Luis Preciado, hoy abanderado como candidato a alcalde de la alianza tripartidista.

Después de mucha especulación y una solución demoscópica, esta coalición es encabezada por Mely Romero, una de las jóvenes promesas de la renovación peñista, electa como senadora en 2012 y quien después fue subsecretaria de Sagarpa. El paso de la hoy candidata a gobernadora desde el Legislativo al Ejecutivo federal permitió que Hilda Ceballos Llerenas, entonces esposa del exrector de la Universidad de Colima y exgobernador, Fernando Moreno Peña, ocupara el cargo de senadora.

La coalición PRI/PAN/PRD no es la única que ofrece un nicho de resistencia electoral al proyecto obradorista. En este polo también se ubica Movimiento Ciudadano, partido que prácticamente fue construido en el 2015 en torno a la candidatura a la gubernatura de Leoncio Morán Sánchez, quien hoy gobierna por segunda ocasión la alcaldía de la capital y nuevamente compite para dirigir el Ejecutivo del estado.

Movimiento Ciudadano creció con el impulso de este personaje, conocido como Locho, pero también captando cuadros y simpatías del panismo tradicional en Colima. Con la candidatura de Morán, este partido obtuvo el 11% de los votos en 2015 y, para 2018, ganó el gobierno en dos de las cuatro alcaldías más pobladas, así como una curul en el poder legislativo. Hoy, diversas encuestas lo ubican en una posición cercana a la candidata de la alianza tripartidista.

Del otro lado del clivaje están el PT, el PVEM, Redes Sociales Progresistas (RSP), Fuerza por México (FPM) y la alianza Morena-Nueva Alianza. El espectro que levanta banderas a favor de la 4T es amplio. Tal fraccionamiento tiene que ver, por una parte, con que el Partido Verde y del Trabajo no lograron ir en alianza con Morena, después de que sus líderes buscaran la candidatura al Ejecutivo estatal. Por otra parte, RSP y FPM son partidos que por ley deben competir en solitario: el primero tiene como candidata a Evangelina Bañuelos, una profesionista sin trayectoria política; el último dio cobijo a Claudia Yáñez Centeno, quien como diputada federal renunció a Morena después de no ser beneficiada con la decisión sobre la candidatura.

Mientras el PVEM creció prácticamente a través de alianzas electorales con el PRI, el PT sobrevivió pegando su logo junto a candidatos del tricolor, algo que de alguna manera se justifica ideológicamente. Uno de los líderes del PVEM es Virgilio Mendoza, quien hoy es candidato a gobernador y, durante semanas, se ha dedicado a anunciar públicamente la suma de cuadros de otros partidos, principalmente del PRI. Por el Partido del Trabajo la candidata es Aurora Cruz, quien hasta hace poco fungía como coordinadora docente del Instituto José Martí, escuela fundada por su coordinador de campaña: el dirigente partidista y senador, Joel Padilla.

El discurso del obradorismo y la cuarta transformación pertenece, por antonomasia, a Morena. En 2015 esta fuerza política no logró los votos necesarios para conservar su registro como partido político a nivel local, pero tres años después se convirtió en mayoría en el poder legislativo y ganó el 40% de los gobiernos municipales. Este crecimiento no se explica sólo por un cambio en la conciencia de los votantes, sino por el desplazamiento de cuadros y punteros hacia la nueva formación política, además del fraccionamiento electoral. De las 13 bancadas ganadas por Morena en 2018, cuatro casos fueron con candidatos vinculados anteriormente con el PRI.

La candidata de Morena a la gubernatura, Indira Vizcaíno, militó en el PRD, fue diputada federal, presidenta municipal y ocupó una secretaría en el actual gobierno del estado. Hoy, diversas encuestas sitúan a Morena y su abanderada entre 10 y 15 puntos porcentuales por encima de partidos del eje antiobradorista, así como de aquellos alineados con el proyecto de AMLO. El efecto de la marca política es evidente, aunque en esta elección tendrá mucho peso la movilización de estructuras de apoyo localizadas, un campo de actores que se recomponía hasta el último día de los registros de las planillas a alcaldes y candidaturas a las diputaciones.

Con uno de los gobiernos peor evaluados, y después de más de treinta años de dirigentes priistas, parece irónico que lo menos importante de esta elección sea ofrecer una alternativa al partido tricolor. Desde hace tres años Morena lo volvió irrelevante; el proyecto de nación encabezado por AMLO trastocó ideológica y políticamente un sistema de actores que todavía no encuentran su lugar.

Te invitamos a leer el artículo en Nexos.

Héctor Manuel Gutiérrez Magaña

1 El NEP es un índice de fragmentación partidista, que considera el peso relativo de las distintas fuerzas políticas que compiten en una elección. Se calcula de acuerdo con la fórmula de Laakso y Taagepera.

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