Tres grandes desigualdades durante el COVID-19

  • Se requerirá de tiempo y de análisis saber a quién afectó más el COVID-19 y qué estrategia hubiera sido mejor: es la única forma de aprender.
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FOTO: ANDREA MURCIA /CUARTOSCURO.COM

México ha iniciado su proceso de recuperación ante una de las mayores crisis de su historia moderna y se ha escrito mucho desde el segundo trimestre de 2020 sobre la gravedad de la crisis y cuánto tardaría la economía en recuperarse. Mi opinión no ha cambiado respecto de lo que escribí aquí en Junio de 2020, ya que los datos siguen apuntando a que la economía Mexicana volverá a una senda de crecimiento estable a finales de 2023 aproximadamente. De lo que me gustaría platicarles hoy es de cómo la pandemia ha golpeado a la sociedad Mexicana de forma muy distinta en tres dimensiones muy importantes: salud, educación y trabajo.

Es creencia popular que la muerte a todos iguala y es probable que así fuera en todas las pandemias preindustriales, pero la Gripe Española fue distinta. Basco et al. (2021) calculan el exceso de mortalidad de ésta pandemia en España, encontrando un exceso de mortalidad del 70% para los pobres y del 30% para los ricos, aparte de encontrar excesos de mortalidad mucho más bajos en administradores (36%), profesiones liberales (48%), y rentistas (18%); mientras que mineros (105%), policías (100%) y mujeres dedicadas a tareas domésticas en zonas rurales (105%) presentaron excesos de mortalidad muy elevados.

Si han estado pendientes en redes sociales, es tema de discusión diario quién está más expuesto a una muerte por Covid-19 y, por lo tanto, a quién hay que vacunar primero. Es difícil de saber a ciencia cierta porque la pandemia aún está en curso. Se requerirá de tiempo y de análisis saber a quién afectó más el Covid-19 y qué estrategia hubiera sido mejor: es la única forma de aprender. No obstante, de acuerdo con un estudio preliminar de la UNAM en 2020, la distribución de la mortalidad por Covid-19 ha sido bastante desigual, ya que el 84% de las muertes se concentraron en personas sin estudios universitarios y un 28% en amas de casa.

Parte de la desigualdad en mortalidad es inevitable. En las pandemias de la antigüedad todos eran igualmente ignorantes sobre cómo protegerse de un contagio y no existía más medicina que la basada en la superstición, la observación anecdótica y en algo de herbolaria. Sin embargo, a partir de la Gripe Española las personas con estudios y las de mayor renta tenían a su disposición información científica sobre teoría de gérmenes y formas de evitar contagiarse. Parte de la desigualdad en mortalidad es, no obstante, evitable: a través de un sistema de salud pública de calidad y acceso universal. Desafortunadamente, la mala calidad del sistema de salud y la elevada informalidad laboral ha dejado completamente expuestas a las familias mexicanas, sobre todo las de menor nivel de renta.

México gastó un 5.5% de su PIB en 2019, una cifra muy similar a lo que gastaba el Reino Unido en 1970. Esto se traduce en un gasto de 1100 dólares por persona y año, ajustados por paridad de poder de compra, comparado con un gasto de 4600 dólares por persona que gasta el Reino Unido actualmente. La continua infra-inversión en salud ha resultado en muy pocos médicos cirujanos por persona (16/1000): 7 veces menos que el mismo tipo de especialistas en el Reino Unido. Además, los indicadores sobre el número de enfermeras, camas y equipo médico diagnóstico son de los más bajos de la OCDE. Podemos (y debemos) culpar a los gobiernos anteriores, pero en lo que llevamos de cuarta transformación tampoco ha aumentado el gasto en salud relativo al PIB.

Otra dimensión en la que México se ha visto rebasado, es en su capacidad de seguir educando a más de 36 millones de personas, defraudando especialmente a quienes más lo necesitan: los alumnos de educación básica y media superior de menos recursos económicos. Mientras que las familias de mayor renta han seguido educando a sus hijas e hijos dedicando tiempo, invirtiendo en equipo de cómputo y en medios digitales, las familias de menor renta, las de menor educación y las que viven en zonas rurales se han visto en mayores dificultades. La gran mayoría de las familias mexicanas ha intentado dar la mejor educación a sus hijos en estas circunstancias, pero es muy difícil dar equipo de cómputo a dos o tres menores, tener dos o más televisores, conexión a internet o un espacio suficiente en la vivienda para que todos puedan estudiar de forma productiva. Por ejemplo, según el último Censo de Población (2020) elaborado por el INEGI, el 48% de los hogares Mexicanos no contaba con conexión a internet. Ahora que se aproximan las elecciones, el gobierno tiene prisa por lanzar a los niños a la escuela, pero no debemos olvidar que se ha perdido un año educativo, que tendrá consecuencias a largo plazo sobre el país cuando estos niños se conviertan en adultos y el gobierno no parece tener ningún plan.

Según un estudio reciente de la OCDE la pérdida de un año educativo puede traducirse en un 3% menos de renta a lo largo de la vida de las personas afectadas, limitando el crecimiento de la economía (estiman) durante los próximos 100 años. Cuando los autores llevan los costes económicos del cierre escolar a valor presente, calculan que un año de cierre escolar costará el 130% del PIB de México en 2019. Según el estudio, la única forma de evitar el impacto negativo de la pandemia sobre la educación es hacer a las escuelas aún mejores. Lamentablemente, al igual que con la salud, no parece que la prioridad del gobierno sea ésta y los datos lo confirman.

La OCDE reporta que México gastó 2500 dólares por alumno de educación primaria y secundaria en 2017: el último dato disponible y la cifra más baja de todos los países miembros. Al igual que con el gasto en salud, no parece que sea prioridad del gobierno aumentarlo: tiene su mente en otras cosas. Si el daño a la educación no se remedia de inmediato, la evidencia apunta a que la pérdida de un año educativo va a hacer a los mexicanos más pobres y vamos a vivir en una sociedad aún más desigual.

La última gran desigualdad en esta recesión atañe al mercado laboral y a la distribución del tiempo disponible entre los miembros del hogar. La evidencia apunta a que en una recesión típica los hombres se ven más afectados que las mujeres pero en esta recesión, inducida por los confinamientos derivados del Covid-19, el impacto en términos de empleo y horas trabajadas de las mujeres ha sido mucho mayor.

Alon et al. (2021) muestra como los confinamientos durante el segundo trimestre de 2020 están asociados con caídas de empleo de entre 5% y 7% en una pequeña muestra de países ricos. No obstante, cuando miden las caídas de empleo en las mujeres con hijos en edad escolar, encuentran caídas de empleo entre 7% y 9%.

El estudio también muestra cómo las horas efectivas dedicadas a trabajar se desplomaron durante la cuarentena, cayendo aproximadamente en un 40%. Cuando miden la caída de horas trabajadas en mujeres reportan caídas superiores al 50%, aunque hay bastante heterogeneidad entre países. La respuesta de la oferta laboral de las mujeres depende de las actividades que desempeñen y si existe la posibilidad de realizar el trabajo desde casa, lo que perjudica particularmente a las mujeres más pobres.

Los datos de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) y los de la Encuesta Telefónica de Ocupación y Empleo (ETOE) indican que la pérdida de empleo fue más pronunciado en las mujeres en el sector informal o que trabajan por cuenta propia.

El gráfico 1 muestra el empleo formal, informal y por cuenta propia para hombres y mujeres, relativo al primer trimestre de 2020. Mientras que no parece haber un comportamiento muy distinto en el empleo de las personas en el sector formal de la economía, las mujeres en el sector informal y empleadas por cuenta propia parecen haber sufrido una pérdida de empleo más intensa: mientras que el empleo de los hombres en el sector informal se redujo en un cuarto, el empleo de las mujeres se redujo en un tercio, siendo la diferencia aún más intensa en los empleos por cuenta propia.

Como mencionaba al principio, México y el mundo han iniciado su proceso de recuperación económica de una recesión pandémica y a medida que avancen los esquemas de vacunación recuperaremos poco a poco la vida como la conocíamos en 2019. Si bien la pandemia nos agarró desprevenidos y hemos hecho muchas cosas mal, también nos ha dado información valiosa sobre qué aspectos de la sociedad hay que fortalecer. Debemos escuchar como si la pandemia fuera un oráculo que nos indica lo que urge cambiar.

Necesitamos dotar a nuestra sociedad de un sistema de salud universal y de calidad, infraestructura educativa y docentes que puedan remediar los déficits de conocimientos de quienes más dificultades tienen para aprender e instituciones del mercado laboral que permitan conciliar la vida laboral y las responsabilidades familiares de una forma más equitativa. Deberían ser los temas de los que estemos hablando.

Te invitamos a leer el artículo en Animal Político.

Jorge Alonso Ortiz cursó la Licenciatura en Economía por la Universidad Autónoma de Madrid, la Maestría en Economía y finanzas en el Centro de Estudios Monetarios y Financieros, la Maestría y el Doctorado en Economía en la Universidad del Estado de Arizona. Desde 2010 a la fecha, es profesor de tiempo completo e investigador en el ITAM. Además, es candidato del Sistema Nacional de Investigadores.

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