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Política social sin sentido

  • Con jornadas de seis a ocho horas diarias, las escuelas de tiempo completo brindaban a 3.6 millones de niños de origen indígena la oportunidad de acceder a la educación y al menos un alimento nutritivo al día. De acuerdo con la evaluación del Coneval en 2019, los resultados del programa fueron positivos: se alcanzó 100%, tanto en el número de escuelas establecidas como en el objetivo de eficiencia terminal.
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FOTO: FERNANDO CARRANZA GARCIA / CUARTOSCURO.COM

Con el cierre del programa Escuelas de Tiempo Completo (ETC), el gobierno de México continúa instrumentando una política social incongruente, desarticulada y sin sentido alguno, y asesta otro duro golpe a la población que vive en condiciones de pobreza moderada y extrema, 44.9 y 10.8 millones de personas, respectivamente, lo que muestra de nuevo la diferencia abismal entre el discurso oficial y los hechos. 1

La población infantil inscrita en los planteles del programa, aproximadamente 3.6 millones, son de origen indígena y habitan en zonas rurales, que es el segmento de la población que sufre mayor marginación. Con jornadas de seis a ocho horas diarias, se brindaba a los niños la oportunidad de tener acceso a la educación y, con ello, aspirar a un mayor nivel de bienestar familiar a futuro. Asimismo, se les dotaba de al menos un alimento nutritivo al día. De acuerdo con la evaluación realizada por el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval) en 2019, los resultados del programa fueron positivos: se alcanzó 100%, tanto en el número de escuelas establecidas como en el objetivo de eficiencia terminal. 2

El impacto directo de esta medida se verá reflejado en dos dimensiones que el Coneval considera para la medición de pobreza: ingreso y rezago educativo. En cuanto al primero, es previsible que una gran parte de las madres tendrá que abandonar parcial o totalmente sus actividades laborales para dedicar más tiempo a sus hijos, por lo que se observaría una reducción del ingreso familiar, hasta ubicarlo por debajo del umbral que el mismo Coneval establece como primer criterio para la definición de pobreza y pobreza extrema. Debe resaltarse que esto también impactará negativamente en el desarrollo personal y profesional de las mujeres, lo que atenta contra la equidad de género, marcando un grave retroceso histórico.

Con respecto a la educación, se violará uno de los derechos humanos fundamentales que es el acceso a la educación, contraviniendo de manera flagrante el artículo tercero de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. Muy probablemente muchos niños tendrán que abandonar la escuela por verse forzados a trabajar y contribuir a los ingresos precarios de la familia, quedar así en una alta situación de vulnerabilidad y perpetuar su pobreza. A nivel individual este fenómeno impedirá a los jóvenes terminar una carrera profesional o técnica para incorporarse al mercado de trabajo formal; a nivel agregado, esto representará una menor inversión en capital humano y, por tanto, menores niveles de eficiencia, productividad y crecimiento económico.

El programa ETC se sustituye por La Escuela es Nuestra, que tiene como uno de sus objetivos invertir en infraestructura física de las escuelas y rehabilitarlas para ofrecer un mejor servicio a los estudiantes como, por ejemplo, instalaciones, accesos, materiales y dotación de agua potable, lo cual es loable, pero me surgen dos dudas: primera, si la evaluación del Coneval es positiva, ¿por qué eliminar el programa ETC?; segunda, si la inversión en infraestructura es necesaria, ¿por qué no asignar recursos presupuestales adicionales a ETC? Si uno de los objetivos de la política económica es la disciplina en finanzas públicas, ¿por qué mantener y seguir dilapidando recursos en programas clientelares y en proyectos de inversión icónicos del gobierno actual de nula rentabilidad económica y social?

Sería difícil entender que un gobierno de cualquier país, en cualquier momento de la historia tomara decisiones que afecten a la población más desfavorecida; sin embargo,  conociendo la manera de operar de la administración actual, la explicación parece no ser tan complicada: es el resultado de un gobierno que no ha sabido administrar con eficiencia, eficacia y transparencia los recursos públicos; es evidencia de la intención manipuladora del discurso; de la ignorancia y la ineptitud de funcionarios públicos para evaluar costos y beneficios de las distintas opciones de políticas públicas en materia de desarrollo social; de la existencia de un Congreso y de un gabinete económico y social al servicio de una sola voluntad; y el desprecio a los trabajos de un organismo autónomo como lo es el Coneval, cuyos estudios e información son de enorme riqueza y deben ser pieza fundamental para la definición de estrategias del gobierno federal a fin impulsar un mayor desarrollo social.

Al grave retroceso de cerrar las ETC, hay que sumar la eliminación de las Estancias Infantiles y su impacto en el bienestar, con el argumento de que había corrupción en el manejo de los recursos públicos, con el que el presidente pretende justificar todas sus decisiones, pero sin presentar evidencia alguna; si la tuviera, debería proceder de acuerdo con el marco normativo y aplicar las sanciones correspondientes, pero no suspender programas que, como todos, son susceptibles de mejora.

¿Qué más sigue? ¿Qué tanto más vamos a retroceder en la historia?

Te invitamos a leer este texto en Animal Político.

Sergio Fadl Kuri es profesor de economía en el instituto tecnológico autónomo de México (ITAM) y Experto México, ¿cómo vamos?. Tiene amplia experiencia en el sector público, la banca de desarrollo y la administración de riesgos.

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