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La pobreza laboral disminuye, pero no parece sostenible

  • Menor cantidad de pobreza es algo bueno, pero sería verdaderamente esperanzador si lo que viéramos fuera más empleo de mejor calidad para más personas, no más empleo precario.
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FOTO: ROGELIO MORALES /CUARTOSCURO.COM

La pobreza laboral, una medición que nos permite aproximar cuántas personas viven en México en hogares donde no alcanza el ingreso proveniente del trabajo para comprar la comida mínima para toda la familia, disminuyó. Esa debiera ser la nota de esta semana, de este mes. ¡Hay menor cantidad de personas con hambre y en situación de franca vulnerabilidad que hace tres meses! Aún no estamos a niveles prepandemia, pero que la pobreza en cualquier medición disminuya es lo deseable. Y lo que estamos viendo aquí es una tragedia anunciada: disminuyó hoy, pero posiblemente en el tiempo, con cualquier choque externo, vuelva a aumentar.

¿Por qué disminuyó la pobreza laboral?

El Consejo Nacional de Evaluación de Política Social, Coneval, lo adjudica a dos razones: por un aumento en la cantidad de personas que se incorporaron al mercado laboral en el trimestre, aumentando con ello el número de hombres, pero sobre todo de mujeres que salieron a trabajar o a buscar trabajo activamente en 2.2 millones de personas, y por el incremento en el ingreso laboral promedio por habitante y por trabajadora y trabajador, que en promedio subió 4.8 % en su comparación anual (segundo trimestre de 2022 vs mismo trimestre de 2021).

Pero vamos por partes. Primero, el aumento en la cantidad de personas que se sumaron al mercado laboral lo hicieron en condiciones de precariedad. Veamos: que haya más oportunidades para que más personas en edad de hacerlo puedan encontrar un buen trabajo, bien remunerado, con acceso a seguridad social y prestaciones, es algo a lo que debemos aspirar como país. Queremos mejores condiciones para todas y todos, no sólo para unos cuantos. Sin embargo, en la primera mitad del año en México sólo se generó 75 % de la meta del empleo de buena calidad 1 que se necesita para ofrecer oportunidades a quienes buscan incorporarse al mercado laboral, según México, ¿cómo vamos? –el poderoso y compacto tanque de ideas que me honro en dirigir–.

¿Entonces, qué tipo de empleo es el que aumentó? Aquel que conocemos como empleo informal, que agrupa al personal trabajando en establecimientos informales y sin registros ni supervisión de ningún tipo respecto a las condiciones laborales de sus empleados, así como a quienes trabajan por cuenta propia, ya sea en empresas, gobierno o como personal doméstico.

Es decir, aumentó el empleo dentro de la informalidad laboral, entendida como aquellas personas que no tienen un contrato laboral formalmente reconocido por el empleador ni por la autoridad, y que por consiguiente no cuentan con seguridad social ni prestaciones. Ese es uno de los grandes problemas sistémicos en sociedades con grandes desigualdades, como México: que el Estado no protege a los más vulnerables, como son quienes trabajan al margen de la formalidad. Y más: no sólo el empleo que aumentó fue el informal, sino que sobre todo el empleo peor remunerado, el que percibe menos de un salario mínimo, según el análisis que el Coneval publica con datos del INEGI. Y todavía peor: aumentó el empleo informal, cuyo ingreso promedio decreció al tiempo que aumentó al cantidad de trabajadores en esas condiciones de precariedad laboral.

Y no se puede culpar al mercado, que tiene fallas y beneficia de forma desproporcionada a quien tiene más información y quien tiene mayor poder adquisitivo (de los derechos de propiedad ni hablamos porque en México la propiedad se defiende con dinero, y porque el acceso a la justicia es oneroso; es decir, no es para todos). Al mercado hay que contenerlo como se contiene un río que alimenta el terreno de unos y no de otros; hay que poner reglas y hacerlas cumplir para que la dueña del terreno de donde emana el agua no se comporte como si el agua fuera sólo para ella.

Muchas veces los economistas, los políticos y los dueños de los terrenos por donde pasa el río defienden que es mejor no secar el manantial –el mercado–, y claudicamos a nuestro deber de contener sus fallas. Con ello perpetuamos los problemas sistémicos, como la informalidad laboral. Lo que estos personajes pierden de vista es que necesitamos identificar cuáles son las fallas que emanan del mercado según nuestra organización política, social y económica, para poder resolver esas fallas de la mejor forma, procurando salvaguardar la propiedad del terreno, de las ideas, de nuestro ingreso bien habido, pero garantizando agua potable del mismo manantial a toda la población en el valle y más abajo, y en todo el trayecto del río hasta el mar.

¿Entonces, si el mercado tiene fallas, de quién es la responsabilidad de arreglarlo?

Es responsabilidad del Estado –población (incluyendo empresariado y legisladores), territorio y autoridad (gobierno)–, que en nuestro caso no cumple con su labor de contener y regular al mercado, de redistribuir y garantizar que se respeten los derechos de todos, que no garantiza el cumplimiento de sus propias reglas, que no puede ofrecer el agua en condiciones de igualdad a quienes aquí habitamos. No se trata de incautar el terreno del manantial, ni despojar a los dueños de las cosechas que se riegan con el agua. Se trata de garantizar que todos tengan el agua suficiente para vivir. El agua es el ingreso, así como las condiciones mínimas de vida, como seguridad pública y social.

Regresando en concreto al mercado laboral, en México, registrar a un empleado o empleada ante el IMSS implica para el 99.8 % de los negocios –que son mini, pequeños, e incluso medianos– tener que pagar hasta 40-50 % más de lo que el empleado recibe depositado en su cuenta; significa cumplir con cuotas de seguridad social sin mayores estímulos como exenciones, créditos o condonaciones, un costo administrativo importante para no dejar de enterar a la autoridad fiscal de ingresos y egresos, y en los hechos además beneficios muy acotados en cantidad y calidad para empleados y empleadores.

Y aunque la promesa de que al tener un empleo tú solito sales de pobre, es muchas veces una mentira para quienes trabajan en la informalidad laboral. No en todos los casos, claro está: habrá quien tenga contratos por honorarios y resuelva su vida de esa forma, quien prefiera el emprendimiento a ser asalariado. El problema, en este caso, radica en que si tienes un empleo informal en México, es muy probable que te acerques a la pobreza laboral, y que ganes menos de la mitad de lo que gana un empleado con un puesto formal.

¿Entonces, estamos o no mejor?

Sin duda un menor porcentaje de personas viviendo en pobreza laboral y un menor número de hogares con ingresos laborales insuficientes para comprar comida y lo más indispensable debiera ser motivo de alegría para la sociedad, el gobierno, y para todas quienes habitamos este país. Pero –aquí es donde lo que viene asociado a ese descenso en pobreza tiene muchos problemas– si tienes un empleo informal que te paga la mitad de lo que te paga, en promedio, un empleo formal, que no te ofrece prestaciones ni te garantiza atención mínima si enfermas, o acceso a una guardería si tienes una hija, o a algún seguro si te accidentas en el trabajo, entonces tienes un trabajo que el día que lo pierdas vas a estar peligrosamente cerca de la pobreza laboral, tú y la familia que de ti depende.

Es decir, menor cantidad de pobreza es algo bueno, pero sería verdaderamente esperanzador si lo que viéramos fuera más empleo de mejor calidad para más personas, no más empleo precario. Y si la pobreza laboral disminuyó por el aumento del ingreso promedio, pero el mismo Coneval indica que el ingreso del empleo informal cayó, y que quienes se emplearon en este trimestre fueron mayoritariamente personas que ganan menos de un salario mínimo, las promesas de aumentar ese salario mínimo –tal como lo reveló el titular de la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos esta misma semana– pueden sonar atractivas, esperanzadoras, pero absolutamente insuficientes para resolver el problema de quienes trabajan en la informalidad, que son la mayoría de quienes trabajan en México.

El tema es el siguiente: el salario mínimo beneficia a quienes trabajan por ese monto en empleos formales. Porque si el tuyo es un trabajo sin vínculo reconocido, que fue el tipo de trabajo que aumentó en el último trimestre, sin autoridad que te proteja y vigile que se cumplan tus derechos laborales, al margen de que el empleo formal debe ser menos oneroso para todos y que los servicios que ofrece el Estado deben ser mejores y accesibles para todos, poco importa que suba el salario mínimo porque no aplicará a quienes ya de por sí ganaban menos que eso en un empleo que nadie protege porque es informal.

El salario mínimo es el salario que por ley deben percibir las y los trabajadores mínimamente cuando alguien puede supervisarlo. Un empleo informal es inescrutable e inexistente para efectos laborales. Es decir, el salario mínimo, en un empleo informal, es básicamente irrelevante.

Si queremos acabar con la pobreza realmente, de tajo y para siempre, necesitamos hablar de la informalidad laboral, y cómo atender las distintas causas y consecuencias de ello de una forma articulada, incluso, con el gobierno y los empleadores. Es una oportunidad de oro para hacer lo correcto, y aprovechar el poder de mercado en favor de la mayoría.

Próximamente para leer sobre este debate, sigue a México, ¿cómo vamos? en redes sociales @MexicoComoVamos. Mientras eso ocurre, aquí te dejo todo lo que tienes que saber del mercado laboral durante el segundo trimestre de este año.

Te invitamos a leer este artículo en Animal Político.

1 Nuestra manera de aproximar el empleo de buena calidad es midiendo la creación de puestos de trabajo con registro ante el IMSS, puesto que constituyen 8 de cada 10 empleos formales en México. Más información sobre el semáforo de puestos de trabajo las encuentras aquí, incluyendo detalles por estado, por sexo y con definición de las metas.

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