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El impulso de las vocaciones productivas regionales: una visión desde San Luis Potosí

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Ilustración: Adrián Pérez | Cortesía de Nexos

En este mismo espacio, Sofía Ramírez publicó un interesante y provocativo texto de prospectiva de la economía de San Luis Potosí. En él, la compara con la de nuestro vecino Nuevo León y apunta que “la tabla de salvación” ante la contingencia económica causada por el covid eran las grandes empresas y la maquila. 

Aunque comparto parcialmente su diagnóstico, y algunas de sus conclusiones, me parece oportuno formular algunas consideraciones a modo de réplica desde la perspectiva local potosina.

Para ello, parto de una reflexión inicial: ¿es adecuada la comparación entre ambas entidades? Para efectos de diseño de políticas públicas encaminadas a conducir un proceso de industrialización tomando como estándar a Nuevo León, la respuesta sería a todas luces afirmativa. Pero desde un punto de vista social tiene varias limitaciones.

A pesar de la vecindad de ambas entidades, Nuevo León inició su industrialización varias décadas antes que San Luis Potosí. Sólo el 4% de la población regia es rural, mientras que en el caso potosino asciende a un tercio de la población. Por tanto, nuestros indicadores sociales reflejan esa composición. 

Guardada toda proporción, San Luis Potosí se parece más a México –en donde coexisten entidades como Nuevo León y Chiapas– que sólo a Nuevo León. 

La capital de nuestro estado y sus municipios conurbados concentran el 84% del PIB estatal y el aparato industrial potosino (incluyendo las plantas armadoras de GM y BMW), y tienen niveles de desarrollo equiparables a los de Nuevo León. En cambio, en nuestra región Huasteca, en donde el 59% de la población es rural y de origen preponderantemente indígena, los indicadores sociales son comparables a los de Chiapas. Estas distancias sociales se ilustran al señalar que, si bien hasta antes de la pandemia la pobreza en SLP se había reducido significativamente, el 45.5% de la población se encontraba aún en esta condición frente a sólo el 14.2% en Nuevo León.

Ante esta realidad, antes, durante y después de la emergencia sanitaria, el reto en San Luis Potosí siempre ha sido reducir las asimetrías internas a través del impulso de las vocaciones productivas regionales. Por ejemplo, el sector turístico de la Huasteca Potosina presentaba tasas de crecimiento cercanas al 20% anual. Además, el sector agropecuario, no sólo en esa región, sino en todo el estado, era uno de los de mayor dinamismo en el país.

Estoy seguro que a muchos sorprenderá saber que el tercer productor de carne de bovino, el segundo de tomate (no por volumen sino por valor), el tercero en caña y el cuarto en huevo es San Luis Potosí. Incluso en los tres primeros trimestres del fatídico 2020, el agro potosino creció 7.9% respecto al mismo periodo de 2019, superior a la media nacional de 0.8%. Es cierto: el peso del sector primario en la economía potosina es de sólo el 5%, pero un quinto de la PEA estatal depende de esta actividad. Este último dato explica mucho de lo que señala Sofía Ramírez en su texto sobre la asimetrías regia y potosina en materia de productividad. 

Asimismo, se ha buscado la descentralización de la industria hacia otras regiones del estado, como ocurrió con la llegada de empresas como Zoppas a Rioverde o Toyoda al municipio de Venado y la expansión de Dräxlmaier en Matehuala, todas estas empresas vinculadas a la proveeduría automotriz. Y aunque la actividad industrial en San Luis Potosí sigue muy concentrada en la zona conurbada de la capital, se ha ido avanzando en la dirección correcta.

Otra de las expresiones más claras de las brechas entre ambas entidades es el empleo formal. Con el doble de población, Nuevo León tiene casi cuatro veces más empleos. Sin embargo, el salario base de cotización ante el IMSS no es tan dispar: 464.4 pesos en Nuevo León versus 442.3 pesos en San Luis Potosí. Dicho sea de paso, SLP es la entidad en la que los salarios crecieron más en los últimos cinco años. Además, las tasas de desocupación en San Luis Potosí han sido sostenida y considerablemente menores a las de Nuevo León. En el último corte disponible (cuarto trimestre de 2020) la desocupación en SLP fue del 3.2% frente al 4.3% en NL.

Por otra parte, la autora señala que “en San Luis Potosí se vislumbraba un futuro de desarrollo, pues entre 2016 y 2019 su crecimiento había sido ligeramente mayor al promedio nacional”. Sobre esta valoración, y aunque es difícil ser optimista en estos tiempos, creo que hay elementos para sostener que ese futuro de desarrollo sigue en el horizonte potosino.

Este moderado optimismo, se sustenta en varios factores. En el lapso que señala Ramírez, México creció a una tasa anual promedio de 1.7% contra 3% de San Luis Potosí. Y, tal como apunta la autora, la caída generada por la pandemia en nuestro estado fue la mitad de la observada a nivel nacional.

Además, ya estamos viendo señales de recuperación: descontando la caída estacional de diciembre, San Luis Potosí lleva siete meses consecutivos con generación positiva de empleo. Si bien todavía no regresamos a los niveles prepandemia, es previsible que ello ocurra en septiembre de este año. 

A este empuje contribuye también una muy significativa inversión público-privada en materia de infraestructura en años recientes, que incluye una nueva terminal del aeropuerto de la capital que duplica su capacidad de operación a 1.2 millones de pasajeros anuales. El inicio de la ampliación a cuatro carriles de la carretera Valles–Tamazunchale, y de la construcción del nuevo Aeropuerto Internacional de la Huasteca Potosina, son obras clave para la conectividad de esa región. Lo mismo sucede con las obras viales en la capital y la modernización de la carretera federal 57, que es la principal vía para el flujo carretero de mercancías del TMEC. 

Por supuesto, a ello se le suma una privilegiada ubicación geográfica, por la que cruzan los principales gasoductos del país, que permite tener en un radio menor a 550 kms los mayores centros de consumo en México, que incluyen las zonas metropolitanas de la CMDX, Guadalajara y Monterrey. Y, en un radio de unos 700 kms, la frontera con EUA y el acceso al Pacífico y al Atlántico por los puertos de Manzanillo y Tampico, respectivamente.

En suma, y a pesar de la crisis en finanzas públicas generadas por los gastos de la pandemia y la caída en ingresos, creo que San Luis Potosí tiene condiciones para salir de la mayor crisis económica de la historia reciente más rápido que otras entidades. Por lo tanto, tiene un horizonte de desarrollo prometedor una vez que se supere la emergencia sanitaria.

Afortunadamente, esta visión de optimismo es compartida por otros analistas, entre los que destaca el fDI, la unidad de inteligencia del Financial Times que, quinquenalmente, publica su índice “Global Cities of the Future”. En su edición 2020-21 (y utilizando variables 2015-2020 de PIB, IED, desempleo, megaproyectos, entre otros) ubica a San Luis Potosí, como la quinta ciudad mediana con mayor potencial económico del mundo, por encima de Querétaro (octavo lugar), y Monterrey, que en esta edición salió del ranking

Sí, compararnos con Nuevo León es un buen aliciente, pero el reto en San Luis Potosí sigue siendo acercar los niveles de desarrollo del resto del estado con los de nuestra zona metropolitana y su marcado potencial económico a través del impulso de sus vocaciones productivas.

Te invitamos a leer este artículo en NEXOS.

Aldo Emmanuel Torres Villa es Secretario Técnico del Gabinete de Gobierno del Estado de San Luis Potosí.

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