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#ElDatoDeLaSemana: Finanzas públicas en 2022

  • El gobierno tiene la capacidad de impulsar una disminución en los niveles de pobreza de la población mediante la implementación de programas sociales bien planeados, señala Ana Bertha Gutiérrez.
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FOTO: FERNANDO CARRANZA GARCIA / CUARTOSCURO.COM

Aunque apenas empieza el segundo trimestre de 2021, la Secretaría de Hacienda ya empezó su proceso de planeación para las finanzas públicas en 2022, y entregó sus Pre-Criterios Generales de Política Económica, en los que hacen estimaciones iniciales sobre la economía nacional, los ingresos públicos y el gasto gubernamental durante el próximo año.

En el contexto de la crisis sanitaria y económica actual, los pronósticos sobre el crecimiento del PIB y el desempeño de otras variables enfrentan cierto grado de incertidumbre, pero aún así deben ser precisos, ya que de ellos depende en parte la planeación adecuada de los recursos del gobierno y el funcionamiento de las instituciones y empresas públicas, los programas sociales y la infraestructura que el gobierno provee para que las personas puedan llevar a cabo sus actividades diarias y los negocios en el país se puedan realizar sin problemas.

En México, el sector público planea sus ingresos y sus gastos cada año y los presenta en el Paquete Económico anual, que la Secretaría de Hacienda entrega en septiembre; este Paquete incluye propuestas sobre los ingresos esperados y el presupuesto que se planea dedicar a las diferentes dependencias y empresas públicas durante el siguiente año para que puedan cumplir con sus obligaciones.

Para la planeación de las finanzas públicas se utiliza un escenario central con pronósticos sobre el crecimiento, la inflación, los precios y la producción del petróleo y el tipo de cambio, entre otras variables.

Aunque no necesariamente tienen que ser estimaciones exactas sobre lo que pasará en la economía, sí es importante que el escenario central de Hacienda sea realista. Una estimación demasiado alta del crecimiento económico o la producción petrolera en un año, por ejemplo, podría ocasionar que los ingresos federales esperados sean mayores y, por ende, el gasto proyectado por el gobierno sea más alto.

Sin embargo, si en el año alguna de las dos variables es menor a la que se tenía contemplada originalmente, eso tendría un impacto sobre los ingresos (que serían también menores) y sobre el gasto (que se tendría que ajustar debido a los bajos ingresos y que podría requerir recortes inesperados en el dinero otorgado a programas o dependencias del gobierno).

En los Pre-Criterios 2022 presentados la semana pasada, algunas de las estimaciones parecerían ser optimistas al comparar con lo esperado por otras organizaciones. Para el PIB, por ejemplo, Hacienda espera un crecimiento de 5.3% en 2021; esta tasa es mayor a la esperada por especialistas encuestados por Banxico (que esperan un 4.5%) y Citibanamex (cuyo pronóstico es de 4.6%).

Si los pronósticos del gobierno sobreestiman el crecimiento económico de 2021, podrían esperar también un mayor consumo y una mayor producción en el país, lo cual generaría expectativas de mayores ingresos tributarios en el año (ya que esperarían recaudar más impuestos como IVA, IEPS e ISR). Frecuentemente hay cambios entre lo estimado por Hacienda en abril y los pronósticos incluidos en su Paquete Económico de septiembre; en esta ocasión, un ajuste a las expectativas sería útil para poder hacer una planeación precisa de los ingresos y gastos del gobierno.

n casi cualquier país y en cualquier ciclo económico, ya sea una época de recesión, de expansión o de recuperación, las decisiones del gobierno son una pieza importante para impulsar (u obstaculizar) la economía y el nivel de vida de la población.

Si bien el sector empresarial y la sociedad civil también tienen papeles importantes que jugar -otorgando empleos bien remunerados y con prestaciones dignas, por ejemplo, o dando seguimiento objetivo al desempeño económico y social del país para informar a la población-, el gobierno tiene la capacidad de generar y facilitar el cambio positivo en el país.

Lo anterior se vuelve aún más relevante en momentos como el actual: aunque la economía ya ha mostrado una recuperación después de los estragos ocasionados por la llegada de la pandemia, aún falta mucho por recuperar, y persiste una pérdida de empleos e ingresos, así como una mayor cantidad de personas en pobreza laboral.

Además de garantizar el funcionamiento continuo y eficiente de sectores como el de salud o educación pública -al asegurar que tengan recursos y capacidades suficientes para adaptarse a nuevas circunstancias-, el gobierno tiene la capacidad de impulsar una disminución en los niveles de pobreza de la población mediante la implementación de programas sociales bien planeados.

Podría también atender problemas exacerbados por la pandemia, como la baja participación laboral femenina en el país, a través del acceso a programas que faciliten el cuidado de niños o enfermos.

A pesar de que la estrategia de vacunación y la reapertura de actividades económicas nos permitan ver una luz en el horizonte, sigue siendo importante que el gobierno planee sus gastos de manera responsable y objetiva, de manera que no sólo sea capaz de cumplir con las responsabilidades que tiene ante la población en general, sino que pueda facilitar un entorno favorable para un mayor crecimiento económico y la generación de más oportunidades para que las mexicanas y los mexicanos prosperen.

Te invitamos a leer el artículo en Expansión.

Nota del editor: Ana Bertha Gutiérrez labora enMéxico, ¿como vamos? , el cual registra a detalle el crecimiento económico del país. Síguelos en Twitter , Facebook e Instagram . Las opiniones expresadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.

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