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Precios de alimentos al alza y ¿recesión a la vista?

  • Si queremos detonar ese crecimiento no cabe duda de que hace falta inversión tanto pública como privada, considera Brenda Flores.
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FOTO: VICTORIA VALTIERRA/CUARTOSCURO.COM

Esta semana inició con turbulencia en los mercados financieros y mientras las Bolsas caían y nada parecía salvarse, en México el Coneval nos recordó que hay algo que no baja, y eso es el precio de la canasta alimentaria a la que casi 50 millones de mexicanos no pueden acceder con su ingreso laboral.

La canasta alimentaria, que define la línea de pobreza extrema por ingresos, mostró un incremento anual de 11.4% en zonas urbanas y 12% en zonas rurales.

Este incremento es consistente con la inflación que hemos observado en los alimentos y bebidas no alcohólicas, cuya aportación a la inflación general no ha dejado de aumentar desde mayo de 2021. Así, mientras enfrentamos una inflación general de 7.65% , los alimentos muestran tasas anuales de doble dígito, alcanzando un incremento de 13.4% en mayo.

Esta situación es particularmente preocupante porque las personas que dedican una mayor proporción de su ingreso a estos bienes son las que menos tienen.

Así, una vez más la inflación de este año prueba ser un reto más complejo de lo anticipado. Por un lado, si bien en México observamos una tasa anual en mayo menor a la de abril, esto fue principalmente por el programa de tarifas de verano de CFE. En realidad, la inflación subyacente, que excluye energéticos y agropecuarios y es un mejor indicador sobre hacia dónde va la tendencia de los precios en el mediano plazo, siguió al alza.

Por otro lado, el dato de la inflación de mayo en Estados Unidos tiró a los mercados al registrar su nivel más alto en 40 años, afectando a la confianza de consumidores e inversionistas, y elevó las expectativas de un ciclo más agresivo de alza de tasas por parte de la Reserva Federal para contener la inflación y, por lo tanto, de una posible desaceleración de la actividad económica e incluso una recesión en 2023 en Estados Unidos.

Si algo nos quedó claro esta semana fue que las medidas para contener la inflación, tanto de los bancos centrales como del gobierno –por ejemplo el Paquete Contra la Inflación y la Carestía (PACIC) en México–, no están dando resultado lo suficientemente pronto. En consecuencia, la política monetaria tendrá que ser más agresiva. El día de ayer observamos un incremento de la tasa de interés de referencia en Estados Unidos de 0.75% y se espera un cambio de la misma magnitud en México la próxima semana.

En cuanto a los mercados financieros, es normal que las expectativas de un posible freno a la economía por los mayores costos de financiamiento generen desconfianza entre los inversionistas y estos busquen vender las acciones para trasladar sus portafolios a activos con menor riesgo como los bonos.

Por otra parte, en la economía real estas medidas frenan el consumo y las perspectivas de las empresas son cada vez más negativas. Sin embargo, una recesión para el próximo año aún no me parece inminente y para México es incluso menos probable.

En el caso de México, el Producto Interno Bruto se reactivó en el primer trimestre de este año después de una segunda mitad de 2021 de estancamiento. Asimismo, el consumo interno en nuestro país muestra una dinámica positiva, encontrándose en niveles máximos a pesar de los constantes incrementos a la tasa de interés.

México, al ser un país con menor penetración del sistema financiero, los movimientos en las tasas muestran un bajo efecto en el consumo final (conocido como canal del crédito de la política monetaria). Esto le da margen al Banco de México para seguir incrementando la tasa de política monetaria y que esta actúe principalmente a través del canal de las expectativas para que se mantengan ancladas.

No obstante, entremos o no en recesión, hay mucho que hacer para que no caiga un mayor número de personas en situación de pobreza laboral y para que no se deteriore en general el bienestar de las personas en México.

Será crucial enfrentar la inestabilidad a nivel mundial con mejores perspectivas del crecimiento económico de nuestro país. Y si queremos detonar ese crecimiento no cabe duda de que hace falta inversión tanto pública como privada. En particular, hoy más que nunca vemos lo importante que son las expectativas para los inversionistas y cómo la incertidumbre los aleja.

Esa debe ser una lección para México; aquí la falta de inversión empezó mucho antes del inicio del incremento en las tasas por parte de Banxico. La baja inversión se debe a factores como la falta de certeza jurídica, un debilitado Estado de Derecho y la poca confianza en que la economía mexicana crecerá de forma sostenida.

Mayor inversión también genera oportunidades laborales, tanto por su efecto inmediato sobre el PIB, como por las dinámicas que genera en la economía en el mediano y largo plazo. Brinda la oportunidad de tener más empleos y de mejor calidad, elemento que será crucial para que los trabajadores mexicanos enfrenten los altos precios y la posibilidad de caer en pobreza.

Los riesgos económicos son cada vez más altos y, si bien el PACIC dio una señal de que México está dispuesto a tomar medidas contra la inflación, es necesario que el enfoque del gobierno sea mucho más amplio. Aún nos encontramos en un proceso de recuperación de la crisis por la pandemia que ha sido lento y desigual, aún hay un déficit de empleo formal de más de un millón de puestos y los precios que enfrentan las familias mexicanas no dejan de crecer. Más aún, en el futuro puede haber afectaciones que una vez más impacten el empleo, el crecimiento y los precios.

En el contexto actual y el que se vislumbra en los próximos meses, requerimos un gobierno comprometido con cuidar las condiciones de vida de la población, con evaluar las mejores estrategias para que no se deteriore más el poder adquisitivo de los hogares más pobres .

Que esté dispuesto a replantearse sus políticas si estas no tienen el efecto esperado y a cambiar el rumbo cuando sea necesario, por ejemplo, a reorientar el dinero del subsidio a la gasolina si se pueden tener efectos más focalizados en las familias menos favorecidas, incluso si esos cambios le afectaran en las casillas.

O a considerar como medida de mergencia dejar de priorizar incrementos al presupuesto de megaproyectos que no tendrán un efecto directo para mejorar el bienestar de las familias mexicanas cuyo ingreso no es suficiente para acceder a los alimentos más básicos.

Es urgente que realmente se tome como prioridad a la población en pobreza en las acciones y no solo en el discurso. Es momento de focalizar los esfuerzos de la manera más eficiente y asegurarse que cada vez más familias tengan acceso a la canasta alimentaria. Asimismo, será necesario ver un esfuerzo del gobierno que priorice la inversión (pública y privada) y el empleo, el cual puede ayudarnos a enfrentar los posibles golpes económicos en el futuro.

Por ahora el consumo ha ayudado a mantener el dinamismo en el mercado interno, pero este consumo en el futuro será insostenible sin inversión en el presente para tener mayores posibilidades de crecimiento.

Te invitamos a leer este artículo en Expansión.

Nota del editor: Brenda Flores Cabrera ( @BrenFlores04 ) es investigadora en ‘México, ¿cómo vamos? ‘. Las opiniones publicadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

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